A Mediodía
A mediodía
A mediodía, cuando la luz parece haber olvidado toda prisa
y se posa sobre las cosas como una mano que reconoce,
te pienso.
No con la urgencia del deseo,
sino con esa forma lenta y profunda del recuerdo
que no distingue ya entre lo vivido y lo soñado.
El aire es tibio y exacto,
y en él tu nombre adquiere una densidad inesperada,
como si siempre hubiera estado allí
esperando que yo aprendiera a escucharlo.
Hay instantes —éste es uno—
en que el amor no arde ni hiere,
simplemente existe,
con la serenidad de una verdad antigua.
Te amo así, a mediodía:
cuando el mundo no promete nada
y, sin embargo, lo contiene todo.
Cuando tu ausencia no duele,
porque se ha vuelto parte de mí,
como la sombra breve que los cuerpos proyectan
antes de que el sol continúe su camino.
Y comprendo entonces
que amarte no es buscarte,
sino reconocerte
en esta luz inmóvil
donde el tiempo, por un momento,
se detiene a contemplarnos.
Rosibel Artavia.


Comentarios
Publicar un comentario