Amo, luego existo

Amo, luego existo

Amo, y en ese acto primero
me reconozco viva.
Antes del amor era apenas un pensamiento errante,
una pregunta sin voz
en la vasta quietud del mundo.

Amo, y el tiempo adquiere forma:
las horas no pasan,
se inclinan.
La luz no cae sobre las cosas,
las nombra
como si supiera que han sido esperadas.

Pienso, luego existo, dijo la razón
desde su torre de claridad.
Pero yo he aprendido
que el pensamiento despierta tarde:
es el amor quien pronuncia el ser
y le concede morada en la sangre.

Amar no es poseer,
es reconocer.
Ver en el otro
la misma chispa que sostiene el universo
y, al mirarla, comprender
que también arde en mí.

Así existo:
no por la certeza de mis ideas,
sino por la fidelidad de mi entrega.
Porque sólo aquel que ama
ha sido realmente pensado
por la vida misma.

Rosibel Artavia 

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