cuando el mundo duerme, te pienso

CUANDO EL MUNDO DUERME TE PIENSO

Cuando el mundo duerme, te pienso.
Cuando las calles son ríos de silencio
y la luna afila su cuchillo de plata
sobre los tejados dormidos,
entonces tu nombre me crece adentro
como una planta oscura y necesaria.

Te pienso con las manos en los bolsillos
del frío,
recorriendo las habitaciones de mi sangre
donde dejaste un jarrón con tu aroma,
un libro abierto por la página del vértigo,
una huella redonda y tibia
como un pan recién horneado en la madrugada.

 tu recuerdo me visita
con pasos de lluvia menuda,
desordenando los cajones de la memoria,
donde guardo el mapa de tu risa,
la geografía simple de tu espalda,
el herbario secreto de tus besos.

Pienso en la curva del río de tu cintura,
en el panal de miel de tu palabra lenta,
en la raíz desnuda de tu sueño
cuando respiras junto a mí, territorios conquistados.

Y es entonces, cuando el hierro de la noche
se funde en el crisol de las estrellas,
que vuelves a ser la piedra fundamental,
el manantial primero,
la yesca que enciende todos los fuegos
de éste cuerpo que te nombra y te nombra
contra el olvido, contra la muerte,
contra el ruido blanco del amanecer.

Porque pensar en ti a esta hora
es descifrar el universo en un gesto tuyo,
 cómo tu sombra llenaba de flores  y frutos el vacío.

Cuando el mundo duerme, te pienso,
y soy otra vez  la mujer que aprende
a nombrar el mundo desde tu latido:
desde la humedad de tu boca,
desde el nudo de trueno de tu entrega,
desde el archipiélago de piel
que navegué a ciegas, encontrando mi lugar en el mundo.

Entonces, amor mío, todo adquiere sentido:
el reloj despiadado, la pared desnuda,
la sombra que avanza como un animal fiel.
Todo es distinto porque tú existes
en la savia de esta noche interminable
donde yo escribo, sola,
con la tinta púrpura de la añoranza,
tu nombre de manzana terrestre,
tu substancia de pan y de aurora.

Rosibel Artavia 

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