Cuando pienses en mí
CUANDO PIENSES EN MÍ
Cuando pienses en mí,
no busques mi rostro en el álbum gastado.
Piensa mejor en el borde de la taza
que compartimos un martes lluvioso,
en la sombra que dibujamos juntos
sobre la pared blanca al atardecer.
Cuando pienses en mí,
no repitas las palabras solemnes.
Recuerda la risa que se nos escapó
por algo sin importancia,
el silencio cómplice del café de la mañana,
la canción tonta que tarareábamos
sin saber la letra.
Si piensas en mí,
no idealices lo que fue.
Piensa en la arruga de la sábana
donde apoyabas la cabeza,
en la luz de enero, pobre y clara,
entrando por la ventana
a iluminar el polvo en suspensión.
En eso estuve yo.
Cuando pienses en mí,
sé breve, como yo fui
al despedirme:
un gesto sencillo,
la puerta que no cruje,
el espacio que queda
cuando un objeto modesto
se quita de la repisa.
Y si acaso la memoria te pesa,
transforma el recuerdo en un acto pequeño:
prepara un té, mira la luna dudoso,
y deja que el viento de la noche
borre suavemente mi nombre,
como se borra con el dedo
el vapor de un cristal.
Rosibel Artavia


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