Cuando te conocí
Cuando te conocí,
la luna dejó caer su sombra sobre mi pecho,
y un caballo sin riendas galopó
por los ríos de mi sangre dormida.
Tus ojos eran dos pozos hondos,
llenos de alondras que gritaban mi nombre.
Y yo, sin saberlo,
me convertí en rama de tu viento.
Las calles se doblaban como espigas,
el jazmín temblaba sobre las rejas,
y la noche,
tan antigua y tan niña,
me clavó tu voz como un puñal en el pecho.
Cuando te conocí,
los relojes se callaron,
las campanas huyeron del campanario,
y mi alma,
desnuda como un niño perdido,
se acostó en tu sombra
para aprender a soñar.
Ay, amor,
desde entonces,
ya no tengo miedo de la muerte,
porque sé que existe
una vida entera
en el instante
en que tus ojos
rozaron los míos.


Comentarios
Publicar un comentario