De manera sobrehumana

No fue con labios humanos
que me besaste anoche,
ni con manos de carne
rozaste mi pecho.
Era el fuego antiguo
de los dioses errantes,
la fiebre inmortal
que arde sin consumirse.

Amarte —
no es beber vino ni ambrosía,
es perder la forma y el nombre,
es renunciar al mundo
por un instante de eternidad.
¡Cómo tiembla el alma
cuando tus ojos me reclaman!

He amado como los humanos,
pero contigo, amor,
siento que mis huesos
no pesan,
que mi voz
no es mía,
y que el deseo
no se sacia jamás.

Tócame otra vez
—de manera sobrehumana—
hazme sombra de tu sombra,
eco de tu ardor,
y cuando todo acabe,
si es que acaba,
llámame
como se llama al fuego:
sin temor
y con hambre.

Rosibel Artavia.

Comentarios

Entradas populares