Desesperanza



DESESPERANZA

Se pudre, como fruta olvidada al sol,
el amor que un día fue miel en la garganta.
El recuerdo es un diente cariado, una migaja de sal
en la lengua del hambriento.

No queda nada,
sino esta lenta oxidación del deseo.

Como un cuadro bajo el musgo,
la promesa se borra.
El “para siempre” fue una grieta en la taza,
por donde hoy se escapa el té,
quemando el vacío de las manos.

Busco tu rostro en la sombra húmeda de la pared
y solo encuentro la humedad, el frío.

¿Y el fuego?
Lo sofocamos con tanta cobardía,
con silencios que crecían como enredaderas
ahogando la última palabra viva.

Ahora somos dos faros apagados,
mirando mares distintos.

Y la desesperanza no es un grito,
es el zumbido sordo del frigorífico en la noche,
la luz de la luna sobre el fregadero sucio,
el peso exacto de esta sábana vacía.

Es saber que tu nombre,
ese que pronunciaba mi boca como un pan caliente,
hoy es solo una piedra en el bolsillo del abrigo,
una piedra que ya ni siquiera lastima.

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