La llave de mi corazón

La llave de mi corazón

No te amo como se ama una promesa,
ni como se ama a Dios cuando se le teme.
Te amo con la lucidez del que sabe
que el mundo no explica nada
y aun así insiste.

Mi corazón no es un templo,
es una habitación desnuda
con una ventana abierta al mediodía.
La llave no abre la felicidad,
abre la conciencia.

Entraste sin milagros,
sin juramentos,
como entra la luz:
sin pedir permiso
y sin quedarse para siempre.

Amarte
no me salva del absurdo,
pero lo hace habitable.
Contigo, el silencio no es castigo
y la soledad aprende a sentarse
sin vergüenza a la mesa.

Sé que todo amor es frágil,
que mañana puede ser ajeno,
que incluso tu nombre
puede volverse extranjero.
Por eso te amo ahora,
con una ternura exacta,
sin ilusiones eternas.

La llave de mi corazón
no te pertenece:
te la ofrezco.
No para que cierres,
sino para que sepas
que, aún en este mundo sin respuestas, puedes 
elegír abrir.

Rosibel Artavia 

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