La tristeza no es llanto
Hay un vacío que habita en mi pecho.
No es de este mundo.
Es más antiguo que el nombre de las cosas.
Es la forma que dejó tu ausencia al marcharse.
Te busqué en los bosques.
Solo hallé raíces negras
y un silencio tan denso
que pesaba como plomo en la lengua.
Nuestro amor fue un dios extraño.
Le rezamos con la piel.
Le ofrecimos juramentos de sal.
Y él nos dio, en recompensa,
esta sed que no se apaga con agua.
Ahora la noche se ha vuelto de cristal.
Veo a través de todo.
Veo el esqueleto del árbol,
el corazón de piedra de la montaña,
el germen de tu olvido creciendo.
La tristeza no es un llanto.
Es una lógica fría.
Es saber que la rosa,
aun roja y perfumada,
ya lleva en su núcleo
la ley precisa de su marchitez.
Y yo… soy esa fiel seguidora
de una religión vacía.
Adoro el altar desierto.
Guardo la llave de un templo
donde nadie quiere entrar.
El amor fue real.
Por eso duele así:
no como un golpe, sino como una ley,
como la gravedad que obliga a caer
a todo lo que alguna vez se alzó.
Rosibel Artavia


Comentarios
Publicar un comentario