Lo cotidiano
Lo cotidiano
Lo cotidiano
Te nombro en silencio
como quien aprende a rezar sin dioses,
con la fe puesta en la piel
y en el temblor mínimo de tu ausencia.
El amor —lo sé—
no se anuncia:
ocurre.
Como la lluvia cuando nadie la espera,
como la herida que también es refugio.
Yo te amo desde lo cotidiano,
desde la taza tibia de la mañana,
desde el cansancio que pide un abrazo
y no una explicación.
Si vuelves,
no prometo eternidades grandilocuentes
ni futuros perfectamente ordenados.
Prometo estar.
Prometo mirar.
Prometo decirte con el cuerpo
lo que la voz no alcanza.
Y cuando el mundo pese demasiado,
cuando la vida se nos caiga de las manos,
me acercaré despacio,
sin urgencias ni testigos,
y te diré —como quien confiesa—:
llenaré de besos ésa cara linda,
hasta que el amor
vuelva a parecer posible.
Rosibel Artavia


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