Madre
Hay una mujer en el jardín del alba,
cuyas manos trenzan el hilo del día.
Ternura que fluye, río de leche pura,
que baña la cuna donde el mundo ríe.
Su bondad es manto que cubre la herida,
pan que se parte sin contar el precio.
La sombra del águila sobre el nido frío,
el único fuego en el invierno antiguo.
Fuerza inquebrantable, roca en el torrente,
que sostiene el arco del cielo al caer.
La espada invisible que corta la muerte,
la que puede alzarlo todo, sin caer.
Su naturaleza divina no mora en templos,
sino en el latido que dos cuerpos unen.
Ella es el misterio que todo lo nombra,
la tierra y el sueño donde el amor florece.
Pues en su costado nace el sol y el llanto,
y en su regazo muere la noche fría.
Madre: el primer milagro y el último canto,
el rostro visible de la poesía.
Rosibel Artavia


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