No fuimos

No fuimos

El despertador sonó a las seis y diecisiete,
como todos los días,
pero hoy el café sabía a distancia,
a sal marina secándose en las mejillas.


bajo un letrero fluorescente en San José, vi
un hombre que a ti se parecía 
o tal vez no exactamente,
tal vez la memoria es un espejo empañado
que guarda sus propios fantasmas.

No fuimos como el tren que abandona la plataforma,
ni como las monedas que caen en la máquina expendedora,
ni siquiera como la sombra que se desprende del cuerpo
al mediodía.

Fuimos más bien el intervalo entre dos notas
de ésa canción de amor que nunca terminamos de escuchar,
el espacio en blanco en el mapa
donde se suponía que existía una isla,
el tercer escalón que siempre cruje
en la casa que ya nunca habitamos.

Quizás nos encontremos algún martes gris
en el pasillo de los sueños no soñados,
donde los paraguas guardan lluvias de otros inviernos
y los gatos observan desde los tejados
lo que pudo haber sido
y no fue
y sin embargo late,
suave y obstinado,
como el motor de una nevera en la noche,
recordando el frío que ya no tiene que hacer.

Rosibel Artavia.

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