Para Sobrevivirte

Para sobrevivirte

Te nombro con objetos que no sirven
—un reloj sin horas,
una escalera que sube al café frío—
porque amarte fue aprender
a usar lo inútil con fe.

Te quise a destiempo,
como se quiere a los trenes que ya pasaron
pero todavía silban en el oído.
Había una manera tuya de cerrar la puerta
que reorganizaba el mundo,
y yo me quedaba del lado incorrecto
inventando llaves.

Éramos una conspiración doméstica:
dos tazas, un jueves,
la ilusión de que el futuro era una palabra flexible.
Después vinieron los silencios
con su gramática feroz,
y supe que perderte
era un verbo irregular.

Para sobrevivirte
aprendí a respirar por los bordes,
a escribirte en márgenes donde no dolías tanto,
a dejar que tu ausencia
se sentara a la mesa sin hablar.

A veces vuelves
—no tú, sino tu modo de mirar—
y todo se desordena deliciosamente.
Entonces entiendo:
sobrevivirte no es olvidarte,
es seguir viviendo
con esta pequeña catástrofe
funcionando.

Rosibel Artavia 

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