Reencuentro
Amor Mío:
Esta tarde, he pensado en ti. O más bien, en lo poco que hemos pensado, tú y yo, y lo mucho que hemos sentido. Y he decidido que nuestra historia necesita un tercer capítulo, uno que escribamos con las manos, no con las ausencias.
Recuerdo tu boca —una obra de arte más sincera que cualquier discurso— diciéndome adiós.
Han pasado estaciones enteras desde entonces, pero el recuerdo de tu piel cerca de la mía persiste con más terquedad que cualquier remordimiento.
Mi amor, hemos sido tan exquisitamente tortuosos, tan expertos en el arte del deseo insatisfecho.
Propongo, pues, un encuentro. No uno de esos teatros sociales donde intercambiamos sonrisas finas como porcelana. No. Propongo un lugar donde las paredes no tengan ojos, donde el tiempo sea tan derrochador como nosotros. Donde pueda, por fin, leer en tu piel el epílogo que tus ojos me prometieron.
¿Qué es el amor sino la única forma de arte donde el artista y la obra se funden? Tú has esculpido en mí deseos que no conocía, y yo he pintado en tu conciencia sueños que no osabas nombrar. Pero toda obra inacabada es una mentira elegante. Yo deseo, ahora, la verdad de tu cuerpo contra el mío, la consumación que convertiría nuestro idilio en una obra maestra, o quizá en un glorioso escándalo.
Ven. Ven antes de que la vida —esa mediocre coleccionista de rutinas— nos robe la oportunidad de ser, por una noche, más valientes que virtuosos, más sinceros que decentes.
Tuya, en el deseo y en la espera que pronto debe terminar,
prefiero una quemadura de tu piel al frío eterno de tu recuerdo.
P.D.: Trae contigo el coraje que mostraste la primera vez que me miraste sin disimulo. Yo llevaré el mío, y Lo demás, que lo decidan los dioses que susurran a los amantes cuando apagan las luces.


Comentarios
Publicar un comentario