Reinvindicar la ternura
Reivindicar la ternura
Reivindicar la ternura
no como gesto débil
ni como refugio para los cansados,
sino como acto de fe
en medio del ruido.
Reivindicarla
cuando el mundo levanta muros
y celebra la dureza
como si fuera virtud,
como si doler menos
fuera lo mismo que no amar.
La ternura
es una forma silenciosa de coraje:
poner la mano abierta
donde todos empuñan el miedo,
mirar al otro
sin pedirle que se defienda.
Reivindicar la ternura
en los días grises,
en la palabra justa,
en el pan compartido,
en el abrazo que no pregunta
por méritos ni culpas.
Porque la ternura
no salva al mundo de golpe,
pero lo sostiene,
lo mantiene respirando
cuando la esperanza
aprende a caminar despacio.
Reivindicar la ternura
es elegir quedarse humano
cuando todo invita
a endurecer el corazón.
Rosibel Artavia


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