Todo lo que fui
Todo lo que fui
se deshizo en tus ojos de luna morada.
Mis manos, antes pájaros,
ahora son ramas secas
esperando el roce de tu aliento.
Yo era un río sin nombre,
pero tú me llamaste
y crecí en tus orillas
como un lirio sin miedo a la tormenta.
Todo lo que fui
lo dejé en tus labios,
en la herida dulce
que abre el amor
cuando llega
como un cuchillo
envuelto en besos.
Mi sombra baila contigo
en los patios cerrados del alma,
y mi voz ya no me pertenece:
la canta el viento
cuando tú duermes.
Fui carne,
fui fuego,
fui pena,
fui canto.
Ahora solo soy
el temblor
que deja el amor
cuando se queda.


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