Tus manos



Tus manos,
son como raíces que me atan al mundo,  
manos callosas de tanto pelear con la tierra,  
o suaves como el pan recién amasado,  
que me parten y me recomponen el alma.  

Tus manos me conocen mejor que mis ojos,  
me recorren la piel como quien lee un libro viejo,  
arrugado de besos y de noches sin dormir.  
Con ellas me deshago, me vuelvo río,  
me entrego entera, sin pudor ni medida.  

¡Tus manos en mi cintura, Dios mío!  
Me aprietan como si el tiempo se acabara,  
me acarician los pechos como a frutos maduros,  
y en mi vientre dibujan promesas de hijos,  
de vidas que brotarán de este amor tan bruto.  

Tus manos huelen a ti, a sudor y a jazmín,  
a lo que fuimos y lo que seremos.  
No las suelto ni en sueños,  
porque en tus manos cabe mi todo,  
mi risa, mi lloro, mi fuego eterno. 

Rosibel Artavia 

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