Una simple Mujer


No tengo coronas de oro,
ni un canto que los dioses envidien,
mi vestido es lino común
y mis manos conocen el barro.

Pero cuando tú me miras —
aunque sea de soslayo —
el mundo calla su ruido
y florecen las cosas sencillas.

No soy más que una simple mujer,
pero mi alma te busca
como el mar sigue al sol,
sin saber si alguna vez lo toca.

Rosibel Artavia 

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