YO
Yo
Yo soy la llama que duda
y aun así arde,
la voz que se busca
en el eco de su propia pregunta.
Yo, fragmento del día y la noche,
aprendí a amar en la herida,
a nombrar la luz
desde el temblor de la sombra.
Fui deseo y caída,
ímpetu y límite,
un impulso eterno
encerrado en un cuerpo que envejece.
Yo quise abarcar el mundo
con la sed de lo infinito,
pero hallé en tus ojos
el abismo más vasto.
En mí luchan el cielo y la tierra,
la razón y el delirio,
y en esa batalla secreta
forjo mi nombre.
Yo no soy paz ni certeza,
soy tránsito,
soy búsqueda,
soy el temblor que antecede al sentido.
Y si el destino me nombra,
que lo haga sin miedo:
yo fui quien se atrevió a sentir
y en el sentir
se hizo eterno.
Rosibel Artavia.


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