Lo mejor de la Vida
Lo mejor de la vida
A veces creo que lo mejor de la vida
no es aquello que se nombra,
ni lo que se persigue con manos ansiosas,
sino lo que, sin anunciarse,
se posa en el alma como el polvo dorado de la tarde.
Fue así contigo.
No hubo estruendo ni promesa,
ni ese fulgor impaciente de lo inmediato;
hubo, en cambio, una lenta revelación,
como cuando la memoria, caprichosa,
rescata un perfume olvidado
y en él se contiene un mundo entero.
Tu presencia —tan leve, tan inevitable—
se infiltró en mis horas sin pedir permiso,
y de pronto todo lo cotidiano
se volvió digno de ser recordado:
la luz inclinándose sobre tu rostro,
el silencio compartido que ya no era vacío,
mi nombre pronunciado por ti
como si siempre hubiese sido tuyo.
¿Y qué es lo mejor de la vida, sino esto?
Este temblor secreto que no exige eternidad,
pero la sugiere.
Esta certeza sin palabras
de que, en algún rincón invisible del tiempo,
hemos sido verdaderos.
Porque lo mejor de la vida
no grita ni se impone;
vive en lo que apenas se advierte
y, sin embargo, transforma.
Y así, cuando todo pase
—como pasan incluso las cosas más hondas—
quedará en mí no tu ausencia,
sino esa forma tuya de haber existido en mí,
como una música que no termina,
aunque ya no suene.
Rosibel Artavia


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