la Carta no enviada
carta que no llegó
amado,
yo puse mi lámpara en la ventana
esperando tu paso
como quien espera la lluvia
en la estación equivocada.
mi nombre
no floreció en tu voz,
ni fui la sombra fresca
donde reposaran tus días.
yo tejí para ti
un jardín de silencios,
y tú cruzaste sus senderos
sin ver las flores.
no me quisiste—
y sin embargo
mi corazón te ofrecía
pan y canto
cada amanecer.
hay amores
que son como ríos sin cauce:
nacen, crecen,
y se pierden
antes de llegar al mar.
hoy recojo mis manos
vacías de ti,
y las dejo caer
sobre la tierra tranquila
de mi propio ser.
porque he comprendido, amado,
que no toda luz
está destinada
a entrar en nuestra casa.
y aun así,
bendigo tu ausencia,
como se bendice la noche
que enseña a la estrella
a brillar en soledad.
—Rosibel Artavia


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