La Retirada

La retirada

Me retiro —no del amor—,
sino del ardor que no halla reposo,
de la llama que, al no ser correspondida,
se devora a sí misma en su exceso.

No es cobardía la mía,
ni olvido:
es la serena dignidad del alma
que aprende a recogerse
cuando el mundo no responde a su latido.

Te amé con la amplitud del cielo claro,
con la ferviente entrega de la aurora
que no pregunta si será mirada.
Y en ese dar sin medida
hallé, al fin, mi propia medida.

Hoy cierro la puerta suavemente,
como quien no quiere perturbar el sueño
de aquello que fue sagrado.
No hay reproche en mi silencio,
ni amargura en mi distancia.

Sólo esta calma:
la de quien comprende
que el amor no muere al retirarse,
sino que se transforma en una luz más pura,
lejana,
inextinguible.

Y así me alejo,
no de ti,
sino de la espera.

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