La Renuncia
LA RENUNCIA Aprendí a callar tu nombre como se aprende a morir: poco a poco, despacio, sin molestar a los vecinos. Tu cuerpo fue mi país. Lo recorrí con la paciencia de los condenados que aún creen en la libertad. Ahora cruzo sus fronteras con pasaporte falso. El amor es este cuarto de hotel donde dejamos las maletas sabiéndonos de paso. Afuera llueve sobre extranjeros. Adentro, el silencio pesa tanto que dobla los siglos. Te quise con la honestidad de alguien que firma su sentencia. No pedí indulto. Los amantes verdaderos saben que toda condena es perpetuidad. Hoy entiendo la tarde como un muro encalado. Blanco sobre blanco. La eternidad no es larga: es exacta. Hay que aprender a renunciar sin levantar la voz. Como los árboles que entregan sus hojas sin discursos. Como la arena que no reclama al mar. He amado tanto que ya no me pertenezco. Soy la mujer que espera en el andén vacío con un billete a ninguna parte. El invierno no es cruel: sólo enseña que los brazos también son ramas des...