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Mostrando las entradas de enero 16, 2026

Relativo Amor

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Cinco minutos bastan para soñar toda una vida. No porque el tiempo sea breve, sino porque no existe fuera de quien lo habita. El tiempo no pasa: nos atraviesa. Se dilata cuando el amor pesa, se contrae cuando el sentido huye. Amar es alterar el orden del universo. Nada vuelve a medir igual después de un encuentro verdadero. Los relojes mienten, el calendario es una superstición. Un instante contigo puede contener más realidad que años enteros vividos en ausencia. La duración no garantiza existencia. La intensidad, a veces, sí. Somos materia consciente buscando significado en medio de un cosmos indiferente, y sin embargo el amor logra lo imposible: curvar el tiempo alrededor del alma. Así, cinco minutos pueden ser eternos, y una vida entera puede no haber ocurrido nunca. Porque el tiempo es relativo, pero el vacío de no amar es absoluto. Rosibel Artavia 

La llave de mi corazón

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La llave de mi corazón No te amo como se ama una promesa, ni como se ama a Dios cuando se le teme. Te amo con la lucidez del que sabe que el mundo no explica nada y aun así insiste. Mi corazón no es un templo, es una habitación desnuda con una ventana abierta al mediodía. La llave no abre la felicidad, abre la conciencia. Entraste sin milagros, sin juramentos, como entra la luz: sin pedir permiso y sin quedarse para siempre. Amarte no me salva del absurdo, pero lo hace habitable. Contigo, el silencio no es castigo y la soledad aprende a sentarse sin vergüenza a la mesa. Sé que todo amor es frágil, que mañana puede ser ajeno, que incluso tu nombre puede volverse extranjero. Por eso te amo ahora, con una ternura exacta, sin ilusiones eternas. La llave de mi corazón no te pertenece: te la ofrezco. No para que cierres, sino para que sepas que, aún en este mundo sin respuestas, puedes  elegír abrir. Rosibel Artavia 

Cómo sería

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 Como sería si tú me quisieras sin pedir instrucciones, sin consultar el pronóstico del miedo. Si me quisieras como se quiere a una canción bajita que se tararea sin darse cuenta, como se guarda una carta en el bolsillo más cercano al corazón. Como sería si tu mano encontrara la mía sin ceremonias, como si siempre hubiera sabido el camino. Si me quisieras cuando no sé decir nada, cuando me equivoco de palabra, cuando soy esta versión mía que no sale en las fotos. Tal vez el mundo no cambiaría demasiado, pero la tarde sería menos larga, y el silencio no daría tanto frío. Como sería si tú me quisieras así, sin promesas enormes, pero con la simple costumbre de quedarte. Rosibel Artavia