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Mostrando las entradas de enero 14, 2026

Amo, luego existo

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Amo, luego existo Amo, y en ese acto primero me reconozco viva. Antes del amor era apenas un pensamiento errante, una pregunta sin voz en la vasta quietud del mundo. Amo, y el tiempo adquiere forma: las horas no pasan, se inclinan. La luz no cae sobre las cosas, las nombra como si supiera que han sido esperadas. Pienso, luego existo, dijo la razón desde su torre de claridad. Pero yo he aprendido que el pensamiento despierta tarde: es el amor quien pronuncia el ser y le concede morada en la sangre. Amar no es poseer, es reconocer. Ver en el otro la misma chispa que sostiene el universo y, al mirarla, comprender que también arde en mí. Así existo: no por la certeza de mis ideas, sino por la fidelidad de mi entrega. Porque sólo aquel que ama ha sido realmente pensado por la vida misma. Rosibel Artavia 

No fuimos

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No fuimos El despertador sonó a las seis y diecisiete, como todos los días, pero hoy el café sabía a distancia, a sal marina secándose en las mejillas. bajo un letrero fluorescente en San José, vi un hombre que a ti se parecía  o tal vez no exactamente, tal vez la memoria es un espejo empañado que guarda sus propios fantasmas. No fuimos como el tren que abandona la plataforma, ni como las monedas que caen en la máquina expendedora, ni siquiera como la sombra que se desprende del cuerpo al mediodía. Fuimos más bien el intervalo entre dos notas de ésa canción de amor que nunca terminamos de escuchar, el espacio en blanco en el mapa donde se suponía que existía una isla, el tercer escalón que siempre cruje en la casa que ya nunca habitamos. Quizás nos encontremos algún martes gris en el pasillo de los sueños no soñados, donde los paraguas guardan lluvias de otros inviernos y los gatos observan desde los tejados lo que pudo haber sido y no fue y sin embargo late, suave y ob...

Mi refugio

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Mi refugio En el latido secreto de tu nombre aprendió mi silencio a respirar. Tu sonrisa abrió grietas en la sombra y la noche dejó de ser frontera. Cada caricia tuya es un idioma antiguo que mi corazón reconoce sin haberlo aprendido. Amarte no es promesa ni destino, es una Eternidad sin ruido, un lugar donde el alma descansa, mi más hondo refugio. Rossy

Antes de volverte a ver

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carta (antes de volverte a ver) amor mío— no sé si volver a verte es un verbo o un temblor pero sucede (aunque todavía no) te pienso no como recuerdo sino como algo que insiste sin hacer ruido volverte a ver es tal vez cruzar una calle y descubrir que el mundo sigue respirando en tu forma no diré nada importante porque lo importante siempre se cae cuando lo nombro mis manos no sabrán qué hacer con la distancia y mi corazón ese animal torpe fingirá calma si sonrío no creas que es valentía es solo mi manera de no caer dentro de ti porque verte otra vez no es empezar ni terminar es simplemente éste milagro pequeño: que todavía te amo y el tiempo no lo ha sabido borrar —Rosibel Artavia 

Tu boca

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Tu Boca es la curva del sur sin mapa. es donde el silencio se hace húmedo, donde la palabra nace tibia. tu boca cuando habla o cuando calla: un país pequeño al que siempre regreso. tu boca en la mañana, antes del café, antes del nombre: sólo un lugar donde perderme sin buscar salida. tu boca no es un símbolo, no es un poema. es eso: lo que queda entre el sí y el no, lo que el tacto recuerda aún sin tocar. Rosibel Artavia 

Te quiero

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(amor mío) T e  q u i e r o no como las horas grandes del reloj ni como el sobre que guarda una noticia. te quiero como el árbol quiere a su savia: sin pensarlo, latido a latido, desdibujando la línea entre el tenerte y el ser. te quiero con todo el no-saber de quien descubre que su casa no tiene paredes: sólo el espacio que tu risa (¡o tu silencio!) ha dejado al pasar. T e  q u i e r o así— en minúscula perpetua, sin mayúsculas que levanten fronteras, sin punto final que diga “hasta aquí”. porque ésto  (ésto que te escribo con la sangre del alfabeto y el polvo de las estrellas) no es un verbo. es el aire que se hace canto al rozar t u  p r e s e n c i a. y si me preguntas por qué, sólo podría señalarte el sol naciendo en tu mirada y musitar: “por eso, por ésto, por todo lo que no cabe en ninguna palabra.” con todo mi ser (que es, desde que existes, tuyo), siempre tuyo sin mayúscula. Rosibel Artavia 

Cuando me querías

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Cuando me querías Cuando me querías, el tiempo no era ese ladrón de cartera vacía, sino un artefacto quieto en el centro de la habitación, un cronómetro cuyo tictac era el rumor de tu saliva contra mi mejilla. Cuando me querías, los espejos repetían un pacto secreto: yo entraba en ellos de tu mano y salíamos del otro lado con el pelo mojado de una luz antigua, intactos. Cuando me querías, los objetos conspiraban a nuestro favor. El teléfono era un animal dormido en su cueva. La ventana, un cuadro que cambiaba de paisaje según la inclinación de nuestros hombros al abrazarnos. El despertador olvidaba su oficio, y el mediodía se extendía como un gato perezoso sobre las baldosas de la cocina. Ahora lo sé: querer era entonces pura física fantástica, una alteración de las leyes. Tu boca era un evento improbable y sin embargo necesario, como un salto lateral en el tejido del aire, como un atajo entre dos sueños. Cuando me querías, no existía el afuera. O mejor: el afuera era un decorado amabl...

Mis poemas

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Mis poemas para ti Los escribí con tinta robada al alba, cuando el sol aún dormía en sus sábanas púrpuras, y mi corazón—ese tambor herido— marcaba compás para palabras descalzas. No eran versos pulidos como joyas de banquero, eran cicatrices con ritmo, huellas de pies descalzos en el barro sagrado de quererte. Los escribí en los márgenes de las facturas, en envolturas de pan, en la piel del tiempo cuando se hacía delgado y transparente como tu promesa. Están hechos del material de los puentes rotos, de los hilos que unen estrellas distantes, del trigo que crece en tierra agrietada buscando, siempre buscando, la lluvia de tu mirada. Son mapas de una geografía íntima: aquí, la curva donde tu risa habitaba. Allá, el valle donde sembramos palabras que nunca germinaron. Están hechos de preguntas sin respuesta, de respuestas que olvidaron sus preguntas, de silencios que pesan más que catedrales vacías. Algunos nacieron en la cocina, entre el vapor de la sopa y el café de las cinco, cuando cr...