Amo, luego existo
Amo, luego existo Amo, y en ese acto primero me reconozco viva. Antes del amor era apenas un pensamiento errante, una pregunta sin voz en la vasta quietud del mundo. Amo, y el tiempo adquiere forma: las horas no pasan, se inclinan. La luz no cae sobre las cosas, las nombra como si supiera que han sido esperadas. Pienso, luego existo, dijo la razón desde su torre de claridad. Pero yo he aprendido que el pensamiento despierta tarde: es el amor quien pronuncia el ser y le concede morada en la sangre. Amar no es poseer, es reconocer. Ver en el otro la misma chispa que sostiene el universo y, al mirarla, comprender que también arde en mí. Así existo: no por la certeza de mis ideas, sino por la fidelidad de mi entrega. Porque sólo aquel que ama ha sido realmente pensado por la vida misma. Rosibel Artavia