Entradas

Mostrando las entradas de diciembre 19, 2025

Cuando duermes

Imagen
Cuando duermes Cuando duermes, el mundo aprende a callar. La noche, torpe aprendiz, se quita los zapatos para no despertarte. Tu respiración ordena el tiempo: cada latido corrige al pasado, cada pausa promete un mañana donde no duele amar. Yo te miro sin tocarte, como quien contempla el fuego y entiende que arde mejor cuando no se le exige. Amar es también eso: saber quedarse al borde. Duermes y mi nombre no te visita, pero el amor no reclama pasaporte. Permanece. Se sienta a vigilar tus sueños como un faro discreto que no pide barcos. Si despiertas lejos, yo seguiré aquí, aprendiendo a ser futuro en silencio. Porque cuando duermes, mi amor no duerme: vela, y espera sin reproche.

Esta forma mía

Imagen
Poema Te amo con la paciencia de las casas antiguas, esas que guardan risas en las grietas del muro y no se derrumban aunque nadie vuelva. Así te amo: sin testigos, con la fe silenciosa de quien riega un jardín sabiendo que tal vez no florezca. No me debes retorno ni promesas, mi amor no es contrato ni balanza. Es un pan tibio sobre la mesa vacía, una lámpara encendida por si regresas —o por si no— porque también la luz aprende a estar sola. He aprendido a amar sin pedir milagros, a sostener tu nombre como se sostiene un retrato cuando el tiempo ha decidido marcharse. No me hiere tu ausencia: me enseña a amar más hondo, a querer sin aplausos, a ser rica en ternura. Y aunque tu corazón camine por otros rumbos, yo seguiré aquí, fiel a esta forma mía de amar que no mendiga, no reclama, no se extingue. Porque hay amores que no necesitan ser devueltos para ser eternos. autora Rosibel Artavia

Nunca más

Imagen
El amor fue un espejismo hermoso y cruel. Ahora sólo queda la costumbre de la herida, el aprendizaje lento de vivir en la orilla de un mar que nunca más traerá tu barco. Así es la desesperanza: un saber tranquilo y amargo, como la sal en los labios después de llorar un océano entero. Ya no lloro. Sólo miro el reloj y acepto que cada tic tac es un "nunca" más.

Aprendí

Imagen
Hubo un instante —mínimo, casi indigno del reloj— en que comprendí que no volverías a escribir. No llegó como un golpe, sino como llegan las verdades profundas: envueltas en una delicadeza insoportable. Me descubrí revisando el pasado con la minuciosidad de quien ordena cartas que nunca fueron enviadas. ¿En qué gesto exacto, en qué palabra inocente, se extravió el hilo que nos sostenía? No fue tu ausencia lo que más dolió, sino la forma en que el tiempo continuó obediente, mientras mi memoria —traicionera— seguía llamándote. Comprendí entonces que amar no es solo desear la presencia del otro, sino aprender a convivir con la infinita actividad del recuerdo, ese lugar donde sigues existiendo con una claridad que ya no te pertenece. Así, tu silencio se volvió costumbre, y yo —sin heroísmo alguno— aprendí a vivir con la exacta nostalgia de quien ha sido olvidada sin haber dejado de amar. autora Rosibel Artavia