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Mostrando las entradas de enero 13, 2026

Amarte a ti

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Amarte a ti La noche no es silencio cuando estás cerca. Es el espacio donde tu nombre me habita, donde el tiempo decide detenerse y solo importa el calor de tu mano en la mía. Amarte a ti es como aprender el idioma del mundo de nuevo. Cada gesto tuyo es una palabra que antes no entendía. Tu piel no es un lugar, es un recorrido, un mapa sin fronteras que mi respiro sigue a ciegas. Hay ciudades en tu mirada que nunca se apagan. Hay puertos en tu voz donde anclo mis naufragios. No es posesión, es reconocimiento: verte y saber que algo en el universo por fin encaja. Amarte a ti es aceptar la lluvia y el sol como parte del mismo cielo. Es guardar tus silencios como un tesoro antiguo. Es entender que incluso en la distancia, tu presencia me habita, quieta y profunda como un río subterráneo. No prometo eternidades de palabras brillantes. Sólo este latido que persiste cuando pienso en tu nombre. Sólo esta certeza de que, en cualquier noche que venga, tu aliento será el horizonte que mi sueño e...

Querer es una hazaña

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Llueve sobre la misma ciudad y me invaden los recuerdos de ti, como si nunca te hubieras ido Te he buscado donde el reloj olvida latir, donde el café se enfría y los libros se abren solos en la misma página de siempre. Nada nos pertenece, ni siquiera este instante que parece eterno pero ya se va. La eternidad se nos acaba como se acaba el agua en los ojos cuando uno deja de llorar. Querer es una hazaña, una locura silenciosa que nadie festeja. Una sonrisa, un corazón. La inmensidad del tiempo pasa sobre nosotros como un tren sin estaciones, y sin embargo, sólo por eso deberíamos querernos: porque no sabemos cuándo es la última vez. Afuera, la lluvia insiste, el semáforo parpadea y la ciudad sigue siendo la misma pero sin nosotros. Y yo, que ya no te espero, igual doblo las esquinas como si fueras a aparecer con tu cara de domingo, con tu voz hecha de mapas que no llevan a ningún lugar pero aún así se siguen. Rosibel Artavia.

Todo lo que fui

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Todo lo que fui se deshizo en tus ojos de luna morada. Mis manos, antes pájaros, ahora son ramas secas esperando el roce de tu aliento. Yo era un río sin nombre, pero tú me llamaste y crecí en tus orillas como un lirio sin miedo a la tormenta. Todo lo que fui lo dejé en tus labios, en la herida dulce que abre el amor cuando llega como un cuchillo envuelto en besos. Mi sombra baila contigo en los patios cerrados del alma, y mi voz ya no me pertenece: la canta el viento cuando tú duermes. Fui carne, fui fuego, fui pena, fui canto. Ahora solo soy el temblor que deja el amor cuando se queda.

Cuando te conocí

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Cuando te conocí, la luna dejó caer su sombra sobre mi pecho, y un caballo sin riendas galopó por los ríos de mi sangre dormida. Tus ojos eran dos pozos hondos, llenos de alondras que gritaban mi nombre. Y yo, sin saberlo, me convertí en rama de tu viento. Las calles se doblaban como espigas, el jazmín temblaba sobre las rejas, y la noche, tan antigua y tan niña, me clavó tu voz como un puñal en el pecho. Cuando te conocí, los relojes se callaron, las campanas huyeron del campanario, y mi alma, desnuda como un niño perdido, se acostó en tu sombra para aprender a soñar. Ay, amor, desde entonces, ya no tengo miedo de la muerte, porque sé que existe una vida entera en el instante en que tus ojos rozaron los míos.

Entre tus tibias manos pondré mi corazón

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Entre tus tibias manos pondré mi corazón, no como un gesto de entrega, sino como quien deja lo último que tiene al borde de un abismo. No temas su latido trémulo, ha sufrido las noches que tú no conociste y ha amado con la fe de quien espera sin promesas, sin palabras. Fue tu nombre su único refugio cuando el mundo callaba, y tus ojos, un faro distante en la bruma de cada día. No lo rompas. Está cansado de mendigar miradas que no lo tocan y silencios que lo hieren. Ponlo contra tu pecho si aún recuerdas cómo suenan las cosas verdaderas. No digas nada. Solo déjalo ahí, que encuentre, por fin, descanso.

Antes

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Antes del verbo, antes del alba, cuando la nada era todo y el todo aún no soñaba con ser, ya te amaba. Cuando el tiempo era apenas un murmullo sin nombre, cuando los dioses jugaban con la idea del fuego y la carne, mi alma ya buscaba la tuya como el río ansía el mar sin saber por qué. Fuimos ceniza en la misma estrella, fuerza en la misma explosión, latido en la oscuridad primera. Y cuando el universo aprendió a decir “amor”, nos reconocimos. Tú eras el soplo, yo era el pecho. Tú eras el faro, yo, la barca sin destino. Y aún ahora, siglos después de los primeros silencios, cuando mi voz te nombra y tu piel recuerda, sé que lo nuestro no empezó en esta vida. Fue antes. Desde el principio del mundo. Y quizás incluso… antes del amor.

Yo Sé

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Yo sé que la tarde cae diferente cuando no estás aquí. El aire se espesa, un silencio que no es paz, sino una ausencia vibrante. Sé de la luz que no encuentra eco en los rincones de la casa, y del café que se enfría sin el calor de tu mirada. Sé del paso del tiempo, que se estira, en cada segundo sin ti. Yo sé el color de tu risa, el tacto de tu mano entrelazada con la mía. Sé el mapa de tus lunares y el eco de tus susurros cuando el mundo se apaga. Sé que cada fibra de mi ser te reconoce, te busca, como el río busca el mar. No es un saber de libros o de lógica, es un saber de piel, de alma, un conocimiento profundo, innegable. Y sé, con la certeza del sol naciente, que mi lugar es junto a ti. No hay otro camino, no hay otra verdad. Sólo esta, que me habita, me envuelve, me define. Yo sé.

Lo Simple

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Lo Simple No es la gran promesa, no es el fuego eterno que otros cantan. Es el café en la mañana, el silencio que nos une cuando no hay palabras. Es tu mano, sin saberlo, rozando la mía. La costumbre tierna de tu presencia, sin estridencias, sin heroísmos. Es el aire que respiramos, compartido, sin pensarlo. La certeza muda de que estás ahí, incluso en la ausencia. Es lo simple, lo que se da, lo que es. Y en eso, en la desnudez de lo mínimo, reside todo. Todo.

Universo Paralelo

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Universo paralelo En otro tiempo, no éste, donde los relojes giran sin medida y los espejos no devuelven lo real, estás tú, intacto, esperándome. Allí, el destino no fue laberinto, ni el azar jugó con los dados del olvido. Allí, mi nombre es un eco en tu boca, y tu piel, la página que nunca se quema. En ese universo paralelo, la tarde no termina y el beso no se extravía. Tus ojos no se cierran al dolor del adiós, ni mis pasos se alejan por calles sin sentido. Lo sé, porque lo he soñado tantas veces que ya no distingo si fue en esta vida o en alguna otra, escrita en una línea que el tiempo decidió no mostrarme. Pero existe. Como existen las verdades que sólo el corazón erudito comprende: el amor es una biblioteca infinita, y tú, el único libro que no dejo de leer. Rosibel Artavia.

Si callo

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Si callo, es porque te amo Si yo pudiera decir tu nombre como el río dice al mar su entrega, sin que el mundo volviera la mirada, si pudiera mirarte como quien contempla la luz sin miedo, sería verdad mi vida, y no ésta sombra que arrastro en silencio. Si yo pudiera amarte sin esta jaula de gestos medidos, de palabras que fingen indiferencia, si tu rostro fuera patria y no exilio de mis días, si tu voz me llamara sin esconderse del tiempo y de los otros… Entonces, amor mío, no necesitaría el sueño para tenerte, ni la noche para pensarte libre. Pero callo. Y en el callar se vuelve más cierto el amor. Porque si hablara, el mundo mataría lo que nace en mí contigo. Y sin embargo, cada vez que paso junto a ti y no toco tu mano, cada vez que finges no mirarme y tu pecho tiembla como el mío, sé que este amor es más real que todo lo que el mundo permite. Sé que tú también callas porque también me amas. Rosibel Artavia.

Sí sientes lo que yo siento

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Si sientes lo que yo siento, cuando el viento pronuncia tu nombre sin saber que ya es mío, entonces sabrás que el amor no tiene tiempo, ni cordura, ni frontera. Si arde en ti la misma llama que en mí se enciende con sólo imaginar tu sombra posada en la tarde, entonces sabrás que no hay más verdad que este temblor sagrado que te nombra sin palabras. Si sientes lo que yo siento, si el pecho se te llena de inviernos cuando no estoy y tus manos buscan el vacío como quien busca cielo, entonces ya no hay pregunta, ni promesa, ni miedo. Sólo amor, desnudo y eterno, como el primero, como el último, como el único. Rosibel Artavia.

De manera sobrehumana

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No fue con labios humanos que me besaste anoche, ni con manos de carne rozaste mi pecho. Era el fuego antiguo de los dioses errantes, la fiebre inmortal que arde sin consumirse. Amarte — no es beber vino ni ambrosía, es perder la forma y el nombre, es renunciar al mundo por un instante de eternidad. ¡Cómo tiembla el alma cuando tus ojos me reclaman! He amado como los humanos, pero contigo, amor, siento que mis huesos no pesan, que mi voz no es mía, y que el deseo no se sacia jamás. Tócame otra vez —de manera sobrehumana— hazme sombra de tu sombra, eco de tu ardor, y cuando todo acabe, si es que acaba, llámame como se llama al fuego: sin temor y con hambre. Rosibel Artavia.

Una simple Mujer

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No tengo coronas de oro, ni un canto que los dioses envidien, mi vestido es lino común y mis manos conocen el barro. Pero cuando tú me miras — aunque sea de soslayo — el mundo calla su ruido y florecen las cosas sencillas. No soy más que una simple mujer, pero mi alma te busca como el mar sigue al sol, sin saber si alguna vez lo toca. Rosibel Artavia 

Las Ilusiones

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Hay un instante en que el alma se eleva, sin permiso, sin plan, como hoja llevada por un viento que desconoce el regreso. Las ilusiones crecen por dentro, proliferan llenando la cabeza de cosas que no existen, rutas imaginarias que el corazón inventa y él mismo ni las cree, y la mente que piensa las analiza y dice: qué triste que es, a veces, nacer ilusionado. Entonces una mirada basta para encender galaxias enteras en un pecho acostumbrado a apagarse. Un gesto, una palabra, y el cuerpo se viste de esperanza como si el amor fuera inminente. Pero no hay caminos en la arena, ni manos que juren quedarse. Sólo el eco de los sueños regresando solos, como pájaros que olvidaron el rumbo al sur del deseo. Y aún así, mañana volveré a nacer ilusionada, con el pecho abierto y los ojos dispuestos a creer que todo es posible. Rosibel Artavia 

Corazón Mío

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Corazón Mío Si te digo mi Amor, es porque lo eres. No como capricho de los sentidos, ni dulce cadena de los débiles, sino afirmación brutal de mi voluntad que te elige. Te amo no como consuelo, sino como lucha. Como quien mira al abismo y sonríe, porque sabe que el abismo también lo ama. Si te digo corazón mío, es porque eres mi corazón latiendo fuera de mí, liberado de la jaula de carne y costumbre, ardiendo en su propia ley. Amarte es arrancarme del mundo, es negar las normas del rebaño, es crear una nueva moral donde tu piel es el mandamiento, y tu ausencia, el tormento que me eleva. No te amo para poseerte, te amo para destruirme y nacer de nuevo, como fuego, como trueno, como dios. Rosibel Artavia 

Todo es Mente

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En el silencio eterno donde nace el pensamiento, donde el tiempo no corre y todo es intento, allí vibra el mundo en forma intangible, un susurro mental, un sueño invisible. Nada es sólido, todo es reflejo, de una mente vasta, sin techo ni espejo. El universo entero —planetas, razón— es idea danzante, pura proyección. ¿Qué es la materia, sino ilusión? ¿Y el dolor, sino interpretación? Si todo es mente, ¿qué soy yo? ¿Un eco del todo que se pensó? Cada paso que doy, cada duda que enfrento, no es más que un pulso del pensamiento. Si cambio mi mente, cambio el color de éste escenario hecho de amor… o de temor. El afuera es adentro, no hay división, el cosmos entero es mi percepción. Y al saberlo, libre puedo ser: pues lo que imagino, puede nacer. Entonces pienso con suave cuidado, pues mi mundo entero está enmarcado por lo que creo, por lo que siento, y lo que en silencio lleva el viento. La mente es templo, fuente, poder, origen sagrado de lo que puede ser. Si todo es mente, yo soy creador...

Causalidad

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Causalidad Autora: Rosibel Artavia Todo nace de un algo, dice el viento, nada en este mundo brota por azar. Cada suspiro lleva un fundamento, cada lágrima tiene un lugar. Si sembraste un gesto, cosecharás un eco, si alzaste la voz, retumbará en el otro, y si diste amor, sin esperar reflejo, un día volverá, cruzando el rostro roto. El destino no es dado, es consecuencia, de actos, pensamientos, decisiones. El azar es sólo nuestra ignorancia del tejido sutil de las conexiones. Un pensamiento oscuro no muere en la mente, germina en palabras, florece en acción, y en su andar, va tocando suavemente las piezas del mundo en transformación. El bien no es un premio, ni el mal un castigo, sino la huella fiel que va contigo. Causa que siembras, efecto que vives, es ley que ni el alma más libre esquive. Así camina el hombre por la vida, como sembrador de su propio fruto: la dicha, el dolor, la herida, todo regresa, absoluto. Mira pues tus manos y tu mente, vigila tus pasos y tu intenci...

Amar duele

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autora Rosibel Artavia. Amar duele — no como el filo de un puñal, sino como la sed de un mundo sin ríos, como el eco que retorna de un alma sin Dios, como el pensar sin fe, el sentir sin abrigo. Es mirar el rostro amado tras un velo de duda, saber que ningún instante es eterno, que todo lo que toca el deseo, arde, y lo que arde, muere. Amar es conocer la fragilidad de la carne, el temblor en la voz que no se atreve, la locura dulce de lo que no se posee ni se quiere perder. Y aún así, amamos. Como quien bebe veneno buscando aliento, como quien se lanza al abismo por ver el cielo, como quien escribe un verso que sangra. Porque en el fondo — más allá del dolor, más allá del miedo — el amor es lo único que hace que todo valga la pena.

Reencuentro

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Amor Mío: Esta tarde, he pensado en ti. O más bien, en lo poco que hemos pensado, tú y yo, y lo mucho que hemos sentido. Y he decidido que nuestra historia necesita un tercer capítulo, uno que escribamos con las manos, no con las ausencias. Recuerdo tu boca —una obra de arte más sincera que cualquier discurso— diciéndome adiós. Han pasado estaciones enteras desde entonces, pero el recuerdo de tu piel cerca de la mía persiste con más terquedad que cualquier remordimiento. Mi amor, hemos sido tan exquisitamente tortuosos, tan expertos en el arte del deseo insatisfecho.  Propongo, pues, un encuentro. No uno de esos teatros sociales donde intercambiamos sonrisas finas como porcelana. No. Propongo un lugar donde las paredes no tengan ojos, donde el tiempo sea tan derrochador como nosotros. Donde pueda, por fin, leer en tu piel el epílogo que tus ojos me prometieron. ¿Qué es el amor sino la única forma de arte donde el artista y la obra se funden? Tú has esculpido en mí deseos que no con...

Simple carta de Amor

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Amor mío : He buscado en el silencio palabras que no se desgasten, como esas piedras de río que el agua acaricia sin herir. Así siento tu presencia: firme y suave, constante y eterna. Hoy quiero confesarte que en cada instante en que me falta tu voz, el mundo se me vuelve un puerto vacío, con barcos sin velas y horizontes apagados. Mas cuando pienso en ti, la marea vuelve a levantarse y la brisa me trae el perfume de tu nombre. Eres el secreto del amanecer que me despierta, el latido que me recuerda que estoy viva, y el faro que guía mi esperanza en las noches más largas. Si el amor es un viaje, yo he elegido tu orilla y en ella quiero encallar para siempre, con la certeza de que tu alma y la mía han aprendido a hablar un mismo idioma. Déjame quedarme en ti, como se queda la música en el aire, como se queda la luz en los ojos del que ama. Siempre tuya, Rossy 

En mí Habitas

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No te deseo karmas, ni tristezas, sino todo mi amor y mi ternura; te ofrezco mis brazos como la isla ofrece su arena al mar. Mi amor es como un manto que te cubre hasta los huesos, que arde en la hondura de tu piel como un sol secreto. Corre por tu sangre como río de consuelo y esperanza, bebiendo la sombra de tu cansancio, dando vida a tu silencio. Y si el viento del mundo te hiere, que mi voz sea tu refugio, una canción suave en la penumbra, una luz que nunca se apaga. Porque en mí, amado mío, habitas como llama sagrada; y mi alma, rendida a tu nombre, es un templo que siempre te espera.

La Fuga

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La fuga Hicimos del miedo una maleta y del amor un mapa mal dibujado. Éramos dos muchachos corriendo con el corazón descalzo, creyendo que el mundo terminaba justo donde empezaba nuestro nombre juntos. La noche nos abrió sus brazos, el camino prometía silencio y pan, un lugar donde nadie preguntara de dónde veníamos ni por qué temblábamos al besarnos. Pero el destino, ese guardián sin rostro, nos alcanzó antes del amanecer. Manos ajenas rompieron la huida, tu nombre fue arrancado del mío y a mí me encerraron en los años, en la espera, en una soledad aprendida a golpes de calendario. Crecí conversando con tu ausencia, hice de ella una sombra educada. El amor no murió: se volvió hondo, callado, como un río que aprende a no desbordarse. Y un día —ya adultos, ya cansados— el azar nos sentó frente a frente. Tus ojos seguían diciendo mi nombre aunque tus labios callaran. Me hablaste de tu casa, de un anillo, de una vida que no me incluía pero que defendías con dignidad. Dijiste q...