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Mostrando las entradas de agosto 22, 2025

Espíritu Salvaje

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  Espíritu salvaje Te reconozco en la penumbra, cuando la brisa trae un aullido antiguo y el bosque se abre como un pecho ardiente. Eres el lobo que habita mi sangre, la sombra luminosa que me acecha, espíritu sin cadenas, sediento de libertad y ternura. Tu amor me alcanza como un río oculto bajo la hierba, me arrastra en su corriente indómita, me rompe y me enciende. No hay fronteras en tu abrazo: solo el temblor de la carne y el silencio del mundo detenido. Amarte es andar descalza sobre las brasas del deseo, es fundirme en tu furia clara, en tu respiración de bosque eterno. Y yo, que fui raíz y calma, soy ahora viento y llama, porque en tu espíritu salvaje he encontrado el mío. —autora Rosibel 

Carta de Amor #6

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 Carta de amor Amado mío, Te escribo en la callada hora donde las palabras parecen rezos, y el silencio se abre como un río hacia tu nombre. Mi corazón, como un ramo de luz, tiembla cuando pienso en ti, porque cada recuerdo tuyo se convierte en un ala que me sostiene. No sé si este amor nació de la tierra o del cielo, porque en ti reconozco la raíz y también el vuelo. Eres al mismo tiempo la hondura que me ata y el horizonte que me llama. Cuando tus ojos me buscan, siento que la eternidad se inclina apenas para mirarnos. Quisiera que supieras cuánto de mí se ha vuelto tuyo: mis palabras, mi respiración, mis días que se abren con tu recuerdo y se cierran con tu sombra dulce. Eres la plegaria más íntima, aquella que nunca se pronuncia y, sin embargo, vive latiendo como un fuego secreto. Si el mundo me negara todo lo demás, bastaría con saber que existes, que en algún lugar caminas, sueñas, sonríes, y que de algún modo mi amor llega hasta ti, como el eco escondido en las campanas de l...

Te amé

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 Te amé a mi manera, sin mapas, sin horarios, sin pedir permiso al miedo. Te amé como se ama lo que arde: sin tregua, con cada fibra del alma temblando al pronunciar tu nombre. Te miré con hambre de eternidad aunque supiera que todo es fugaz. Toqué tu piel como quien reza, como quien encuentra en un cuerpo la única religión verdadera. Fui tuya en silencios, en desvelos, en esas palabras no dichas que gritaban más fuerte que cualquier promesa. A mi manera, con mis sombras, con mi caos, te entregué lo más puro que tengo: mi forma imperfecta de amar como si el mundo acabara cada vez que me mirabas. Y si algún día todo se borra, si tus pasos te llevan lejos, que lo sepas: nadie te amará así, a su manera, como yo te amé a la mía.

Aquí te espero

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 Aquí te espero, en el silencio donde el alma canta y el mundo se disuelve como incienso en el viento. Aquí, donde los relojes se desnudan y el tiempo se arrodilla ante lo eterno que somos cuando nos miramos. No tengo prisa, porque amarte es una danza circular que no empieza ni termina, Aquí te espero, no con ansias, sino con fe, como el río que no persigue al mar y aún así lo alcanza. He dejado mi ego en la puerta, he roto los relojes, he cerrado los ojos del cuerpo para abrir los del alma. Y allí te veo. Sin forma, sin nombre, sin pasado. Sólo amor. Aquí te espero, donde el amor no se suplica sino se reconoce. Donde no me perteneces, pero te pertenezco en todo.

Palabras

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Las palabras de amor no nacen de la boca. Suben desde el vientre, cruzan el pecho, y sangran en la garganta como una flor detenida. Hay palabras que arden. Palabras que tienen sombra y se enroscan como serpientes alrededor del alma. Otras tiemblan bajo la lengua, como ciervos que han visto la luna y no saben si correr o morir. Te dije amor sin pronunciarlo. Te lo dejé en la huella de mis dedos sobre la madera dormida. En los ojos cuando callan y no saben cómo seguir mirando. Y aun así, te dije amor con la carne abierta y el corazón sin abrigo.

Sé que me recuerdas

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 No digas que no. Sé que me recuerdas cuando el viento se dobla en las ramas y algo cruje —como mi nombre— en medio del silencio. Sé que me recuerdas cuando otra piel no enciende nada, y tus manos se cierran sin saber por qué. Cuando el sol cae bajo, y el mundo huele a lluvia y ceniza, sé que vuelvo a ti. Aunque no quieras, aunque te calles. Porque mi ausencia te pesa más que mi amor, y mi voz arde en tus sueños como un faro que no se apaga. No importa cuántos pasos des, yo camino en tu sombra. Y cuando creas olvidarme, será mi risa, mi piel, mi furia, lo que vuelva a dolerte. Sé que me recuerdas. Y eso basta. Eso me salva. poemas

Yo sostendré tus manos

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 Yo sostrendre tus manos Rosibel Artavia - 21/07/2025 Yo sostendré tus manos cuando el mundo tiemble, cuando la luz se deslice detrás de los montes y el frío se instale en el pecho de los hombres. No necesito palabras si tus dedos tiemblan, ni juramentos si tus pupilas me buscan. Basta ese instante, en que tu tacto se convierte en refugio. En el silencio más hondo, yo seré quien no suelta. Aún si la vida se disuelve como humo, yo estaré contigo, sosteniendo tus manos como quien sostiene el alma de un sueño que no quiere despertar. Y si la noche nos lleva al borde del abismo ahí también, sin temor, te llevaré conmigo en mi corazón valiente que no se rinde. poemas

Tu Sombra

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 He amado tu sombra más que a tu cuerpo, más que a tus palabras que a veces tiemblan, más que al nombre que usas para esconderte cuando la luna se cansa de mirarte. Eres el aire que no retengo, el fuego que no quema pero abrasa, el cristal que flota sobre mis noches, lejano, como una plegaria que nunca es oída. Te busqué en el hueco de mi pecho, en el perfume cruel de las ausencias, te tejí con hilos de fiebre y letras hasta volverme tu reflejo sin nombre. No sé si existes o si te inventé como quien sangra solo por ternura, pero cada vez que cierro los ojos estás, etéreo, rozando el filo de mi locura.