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Mostrando las entradas de agosto 29, 2025

Pudo ser

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  Pudo ser Pudo ser que tus manos fueran refugio contra el invierno, que tu voz, como un río, me llevara a la calma. Pudo ser que tu mirada detuviera la caída de mis días, y que en tu pecho mi corazón encontrara su patria. Pero el destino cerró la puerta cuando apenas la habíamos tocado. Y quedamos fuera, como dos sombras extrañas temblando bajo la misma lluvia. Ahora sé: lo que no fue, duele más que cualquier adiós. Y aún así, guardo tu nombre en mis labios, como quien guarda un secreto imposible de callar. Autora: Rosibel Artavia

Destino

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  Destino Te busqué en la sombra donde la luna se quiebra, en la sangre del naranjo, en la sed de las piedras. Tu nombre me arde como cuchillo de estrella, y en mis venas camina un río de azucenas. Destino, amor mío, no hay huida ni puerta: estás en mi carne, estás en mi tierra. Y aunque el viento me arranque, aunque el mundo me quiebre, seguiré pronunciando tu voz como quien reza y muere. —autora Rosibel Artavia

Dejar Atrás

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  Dejar atrás A veces el amor es un río que pasa, con sus hojas flotando y su rumor bajo la orilla. No hay que retenerlo: la mano abierta guarda más que el puño cerrado. Si te vas, que el viento sea claro, que el sendero no pese, que tus pasos no me hieran. Yo me quedo aquí, en la raíz del manzano, mirando cómo florece aún lo que dejamos atrás. —autora Rosibel Artavia

Las Horas

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  Las horas Son las horas, amor, esas piedras que ruedan lentas por la colina del día. En cada una hay un hueco de silencio, un sitio donde tu voz podría habitar. El reloj no me dicta lo que el corazón ya sabe: que el tiempo sin ti es un río de nieve, y contigo se enciende la brasa en medio del hielo. Yo espero, no al final de las horas, sino en el temblor del instante donde tu nombre se hace raíz en mi pecho. —autora Rosibel Artavia