Dejar atrás
Dejar atrás Se van las cosas, uno lo acepta, el jarrón que tenía una grieta, el paso lento de las nubes grises, las cicatrices que ya no duelen. Se van los días, uno lo comprende, la lluvia antigua que ya no enciende, la silla vacía en el comedor, el viejo temor que fue pereza. Pero tu risa, esa sí duele, porque se aleja y no consuela, porque se clava en la madrugada, porque es pasada y no se borra. Dejamos atrás calles y meses, esquinas rotas, viejos intereses, el amor que fue y no pudo ser, la fe de ayer, el almanaque. Pero tu nombre, ese no pasa, porque habita en cada cosa rasa, en el silencio de la escalera, en la espera que no se acaba. Dejar atrás es un oficio, un aprendizaje del sacrificio, soltar las manos que se entretejen, mirar lejos y no decir nada. Pero tu sombra, esa es tenaz, no se resigna a ser solaz, persiste en puertas entreabiertas, en las certezas desiertas. Uno se vuelve experto en pérdidas, en despedidas sin cicatriz, aprende a vivir con lo que queda, con la moned...