El Olvido
No es el vacío, sino la ceniza que aún conserva el calor del rescoldo. Es el rumor de un nombre que la lengua olvidó pronunciar, pero que la garganta repite en el sordo oficio de la respiración. Olvidar es no saber ya la forma exacta de tu nuca, y sin embargo, que mi mano, al caer la tarde, busque en la penumbra esa curva abolida, como un ciego que recorre el rostro de una estatua para recordar el gesto de un dios que ya no existe. Es el perfume que se ha desvanecido del frasco, pero que tiñe el cristal con la memoria de su ausencia. Olvidarte es habitar una casa donde cada puerta conduce a una estancia que ya no está, y sin embargo, al abrirla, encontrar el eco de tu risa aprisionado en el polvo de los goznes. Es el tiempo que no pasa, sino que se sedimenta, como las capas de cal en las paredes de una cueva, y en cada estrato, tu imagen se vuelve más abstracta, más parecida al mármol que al cuerpo, más cercana a la idea que al deseo. Olvido es este afán de escribir sobre l...