La única forma que sé La única forma que sé de querer es dejar la puerta abierta, sin cerraduras en el alma, con la mesa siempre puesta para cuando llegues hambriento de silencio o de palabras. La única forma que sé de amar es regar la planta sin exigir flores, es cuidar la semilla en la tierra oscura sin preguntar por los frutos, es dar el agua clara de mi manantial sin medir la sed que sacia. La única forma que sé de entregarme es como el río que fluye hacia el mar sin pedirle a la luna explicaciones por las mareas que lo arrastran, como el pan que se parte en la mesa sin exigir gratitud a quien lo recibe. Amo así: sencillo, sin contratos escritos en el aire, sin calcular distancias ni retornos. Amo como se respira: involuntario y necesario, sin pedirle al oxígeno que me devuelva el aliento. Amo fuerte, con raíces que atraviesan piedras, con ramas que saludan a la tormenta sin doblarse en el miedo. Amo eterno, no con la eternidad de los monumentos, sino con la del musgo en la piedra ...