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Mostrando las entradas de enero 9, 2026

Mi Silencio

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mi silencio mi silencio te ama así (no diciendo) lo que grita cuando tu nombre me cruza descalzo yo aprendí a callar para que tu risa cupiera entera en el aire porque hay amores que se escriben cerrando los ojos y dejando que el corazón olvide cómo latir derecho mi silencio no es ausencia es éste modo torpe y luminoso de quedarme en ti sin palabras sin defensa simplemente a m á n d o t e

Toma éste corazón

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t o m a  é s t e  c o r a z ó n (  d e s h i l a c h a d o c o m o  u n a  n u b e q u e  n o  q u i e r e  i r s e ) p á j a r o s i n  n i d o (  a l e t e a  y  n o s a b e  d ó n d e e s  e l  s u e l o ) t ó m a l o . t ó m a l o . q u e  y a  n o  g u a r d a n a d a s a l v o  e l  h u e c o q u e t ú (  t ú  t ú  t ú  ) l e  d e j a s t e  a l  i r t e c o n  t u  s i l e n c i o . Rosibel Artavia 

Mis Manos Vacías

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Mis Manos Vacías  Mis manos vacías, sin don alguno, se alzan hacia ti, vacías de fruto; no encuentro la flor digna de tu frente, ni joya que brille con luz suficiente. Sólo estas palmas abiertas y limpias, testigos mudos de mis agonías. Más si aceptaras estas manos yermas, que en su pobreza ningún tesoro encierran, hallarías, tal vez, en su sencillez, la huella del más puro de los afectos: en cada línea, un verso no escrito; en cada gesto, un anhelo infinito. Éstas manos que nunca labraron rosas –sólo surcos de insomnio y de penumbras–, por ti aprenderían nuevos oficios: acariciar tus sueños más prolijos, sostener tu cansancio vespertino, señalar contigo el mismo camino. Mis manos vacías, sin pompa alguna, no ofrecen riqueza, ni perla, ni luna; pero en su callo guardan, con ternura, el mapa secreto de mi hondura: todos los senderos que, en la oscuridad, conducen derechamente a tu verdad. ¡Toma, pues, éstas pobres extensiones donde el amor fundó sus cimientos! Y cuando l...

Ausencia

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Ausencia  El teléfono calla con la terquedad de una tumba. Tus horas, antes domesticadas en mis palmas abiertas, hoy merodean por calles sin mi sombra. Me invento tu regreso con las migajas del reloj: la taza olvidada en el mueble, la almohada que aún guarda tu hueco—ese vacío que crece como hierba entre el cemento. Hay un jarrón de flores marchitas en la mesa. Las riego cada día, esperando que el agua aprenda a ser memoria, que las raíces secas recuerden la tierra de tus manos. He empezado a nombrar el silencio. Le pongo apellidos, le sirvo café, le pregunto por ti en voz baja, como quien reza a un dios sordo. La noche se desgrana en granos de insomnio. El alba llega con su pan duro y yo parto migajas para los pájaros, esos cantantes gratuitos que no conocen la moneda del adiós. A veces creo verte doblar la esquina del tiempo— es sólo el viento jugando con las hojas, el polvo bailando su danza de abandonos. El amor no se fue: se hizo casa en mi ausencia. Puso sus muebl...

Cuando pienses en mí

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CUANDO PIENSES EN MÍ Cuando pienses en mí, no busques mi rostro en el álbum gastado. Piensa mejor en el borde de la taza que compartimos un martes lluvioso, en la sombra que dibujamos juntos sobre la pared blanca al atardecer. Cuando pienses en mí, no repitas las palabras solemnes. Recuerda la risa que se nos escapó por algo sin importancia, el silencio cómplice del café de la mañana, la canción tonta que tarareábamos sin saber la letra. Si piensas en mí, no idealices lo que fue. Piensa en la arruga de la sábana donde apoyabas la cabeza, en la luz de enero, pobre y clara, entrando por la ventana a iluminar el polvo en suspensión. En eso estuve yo. Cuando pienses en mí, sé breve, como yo fui al despedirme: un gesto sencillo, la puerta que no cruje, el espacio que queda cuando un objeto modesto se quita de la repisa. Y si acaso la memoria te pesa, transforma el recuerdo en un acto pequeño: prepara un té, mira la luna dudoso, y deja que el viento de la noche borre suavemente m...

Esos ojos

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Esos ojos Esos ojos no miran: se quedan. Se me sientan en el pecho como un cansancio dulce, como una verdad que no pide permiso. Esos ojos saben mi nombre cuando yo lo olvido, me desnudan sin tocarme y luego se van como si nada, dejándome la noche encendida. Yo no los busco, pero aparecen cuando cierro los míos, cuando digo que ya no, cuando juro estar a salvo. Esos ojos no prometen, no mienten, no salvan. Sólo existen. Y eso basta para desordenarme la vida. Rosibel Artavia 

Tu Cuerpo

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Tu cuerpo Tu cuerpo es templo donde el alba reposa, luz hecha forma, fervor que no se nombra; en él mi espíritu se eleva y asombra como ave fiel a su región dichosa. En tu mirar la vida se renueva, arde la sangre con razón serena; no es sólo fuego: es ley que me encadena y al mismo tiempo, dulcemente, eleva. Cuando te nombro, el mundo se ordena, la duda calla, el tiempo se inclina; mi voz, en calma, hacia la tuya camina como río que al mar se entrega y su pena. Si he de amar, que sea en ésta forma pura: tu cuerpo y alma en honda consonancia, pasión que piensa, ternura que perdura, eterna unión de carne y de distancia. Rosibel Artavia 

Para Sobrevivirte

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Para sobrevivirte Te nombro con objetos que no sirven —un reloj sin horas, una escalera que sube al café frío— porque amarte fue aprender a usar lo inútil con fe. Te quise a destiempo, como se quiere a los trenes que ya pasaron pero todavía silban en el oído. Había una manera tuya de cerrar la puerta que reorganizaba el mundo, y yo me quedaba del lado incorrecto inventando llaves. Éramos una conspiración doméstica: dos tazas, un jueves, la ilusión de que el futuro era una palabra flexible. Después vinieron los silencios con su gramática feroz, y supe que perderte era un verbo irregular. Para sobrevivirte aprendí a respirar por los bordes, a escribirte en márgenes donde no dolías tanto, a dejar que tu ausencia se sentara a la mesa sin hablar. A veces vuelves —no tú, sino tu modo de mirar— y todo se desordena deliciosamente. Entonces entiendo: sobrevivirte no es olvidarte, es seguir viviendo con esta pequeña catástrofe funcionando. Rosibel Artavia