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Mostrando las entradas de diciembre 22, 2025

Ocaso

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Ocaso El día se repliega como una carta que no se envía. Tu nombre queda en el borde del cielo, donde el sol aprende a despedirse sin lágrimas. Te amé con la dignidad del silencio, con esa fe obstinada que no pide milagros ni promesas que tiemblen. El amor —lo supe tarde— no siempre arde: a veces se vuelve sombra fiel, pan compartido en la penumbra, respiración que no exige ser vista. Ahora el ocaso nos cubre a ambos. No es final: es una forma madura de la luz aprendiendo a quedarse dentro. autora Rosibel Artavia

Mírame

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Mírame Mírame como se mira lo que importa sin levantar la voz, sin pedir explicaciones. Mírame cuando no sepas qué decir, cuando el día te quede grande y la noche te pregunte cosas. No vengo a completarte, el amor no es una pieza faltante; vengo a caminar contigo mientras dudas, mientras aprendes, mientras eres. Si me miras, verás que no prometo eternidades, solo presencia: este estar aquí cuando decides quedarte. Mírame sin miedo, el amor no exige pruebas; respira en el gesto simple de dos almas que coinciden sin hacerse daño. Y si alguna vez te alejas, que sea sabiendo que fuiste mirado con verdad. autora Rosibel Artavia

Tuya

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Tuya No te amo como quien nombra, te amo como quien abre la piel del tiempo y deja que el deseo aprenda a respirar. Soy tuya en la forma secreta del agua cuando reconoce la sed, en la lentitud con que el silencio se desnuda frente a una lámpara encendida. Mi cuerpo te piensa antes de que mis manos te recuerden. Hay en mí un temblor antiguo que pronuncia tu nombre sin voz, como lo hacen los sueños cuando no quieren despertar. No me posees: me descubres. Y en ese gesto mínimo — casi inocente— me entrego entera, como se entrega la noche a una sola estrella. Tuya, no por promesa, sino por instinto. Porque hay amores que no se eligen: ocurren. autora Rosibel Artavia

Nadie como tú

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Nadie como tú Nadie como tú para decir el silencio, para nombrar la herida sin tocarla. Tu presencia es un filo de luz que atraviesa la sombra y la vuelve respirable. Te pienso cuando el mundo se apaga, cuando la noche aprende a quedarse. Eres la exactitud del instante, la palabra que no sobra en el verso del tiempo. Nadie como tú para sostener el pulso de esta fé que no pide milagros, sólo el temblor de estar contigo, la certidumbre de un paso junto al mío. Si el amor es un sitio sin mapas, tú eres la única coordenada: ahí donde el corazón deja de buscar y se queda. autora Rosibel Artavia

Nosotros

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Nosotros Nosotros, raíz que aprende a decirse en la sombra, dos silencios que el tiempo junta como quien enciende una lámpara sin ruido. No fuimos promesa, fuimos sed: esa forma exacta del deseo que no pregunta, que ocurre. Tu nombre creció en mi pecho como crecen las cosas verdaderas: sin permiso, sin urgencia, con una paciencia antigua. Yo te habité despacio, como se habita una casa en ruinas para devolverle el pulso, para que el polvo recuerde su música. Nosotros no es suma: es un temblor que se sostiene, una palabra que el amor pronuncia cuando ya no necesita voz. Y aún cuando el mundo cierre sus ventanas, cuando la noche ensaye su olvido, seguiremos siendo esto: una raíz amorosa que no sabe morir. autora Rosibel Artavia

El Beso

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El beso En tu silencio mi boca aprende fuego, flor que despierta. El tiempo se detiene: dos almas, un latido. Beso que nombra lo que el miedo calló, luz en penumbra. Tiembla la noche entera al rozarse los sueños. Tu aliento escribe un mañana sin prisa sobre mi piel. Ríe el destino, breve: el amor sabe quedarse. Y si el mundo cae como hoja cansada, queda este instante: un beso sosteniendo la eternidad pequeña. autora Rosibel Artavia

Un amor bonito

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Un amor bonito Como un brote nuevo que ignora al invierno, así nace el amor. No pregunta al tiempo, simplemente florece. En tu mirar habita la calma del mundo, y mi corazón —travieso aprendiz— cree en la eternidad porque hoy te nombra. autora Rosibel Artavia

Un amor bonito

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Un amor bonito Como un brote nuevo que ignora al invierno, así nace el amor. No pregunta al tiempo, simplemente florece. En tu mirar habita la calma del mundo, y mi corazón —travieso aprendiz— cree en la eternidad porque hoy te nombra. autora Rosibel Artavia