Antes del último ocaso
Antes del último ocaso La vida pasa… y mientras contamos los días como si fueran nuestros, el tiempo, silencioso, va cerrando puertas detrás de nosotros. ¡Ah, cuánto orgullo inútil! Cuántas palabras que no dijimos por esperar que el otro adivinara el temblor de nuestra alma. Amamos, pero callamos. Nos aman, y sospechamos. Y mientras tanto, la vida — breve como la luz sobre una flor— se inclina lentamente hacia su último ocaso. ¿Por qué negar la mano que todavía nos busca? ¿Por qué levantar murallas ante quien, con todos nuestros defectos, ha decidido quedarse? Créeme: no existe corazón sin heridas, ni amor sin alguna sombra; pero bendito aquel que, aun conociendo nuestras ruinas, elige sentarse entre ellas y llamarlas hogar. Amemos, pues. Antes de que el orgullo nos deje solos con nuestras victorias. Antes de que una despedida nos enseñe demasiado tarde el valor de una presencia. Antes de que la vida, esa viajera impaciente, nos diga que ya es hora. Ama. Y si te aman, cree....