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Mostrando las entradas de diciembre 28, 2025

Amarte a ti

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Amarte a ti La noche no es silencio cuando estás cerca.   Es el espacio donde tu nombre me habita,   donde el tiempo decide detenerse   y solo importa el calor de tu mano en la mía. Amarte a ti es como aprender el idioma del mundo de nuevo.   Cada gesto tuyo es una palabra que antes no entendía.   Tu piel no es un lugar, es un recorrido,   un mapa sin fronteras que mi respiro sigue a ciegas. Hay ciudades en tu mirada que nunca se apagan.   Hay puertos en tu voz donde anclo mis naufragios.   No es posesión, es reconocimiento:   verte y saber que algo en el universo por fin encaja. Amarte a ti es aceptar la lluvia y el sol como parte del mismo cielo.   Es guardar tus silencios como un tesoro antiguo.   Es entender que incluso en la distancia,   tu presencia me habita, quieta y profunda como un río subterráneo. No prometo eternidades de palabras brillantes.   Solo este latido que persiste cuando pienso en tu nombre.   Solo esta certeza de que, en cualquier noche que venga,   tu aliento se...

La Herida Luminosa

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La herida luminosa No fue un rayo tranquilo, no era un lago en calma, fue una espina de rosa clavada en el alma, un temblor que despierta la raíz del ser, una forma antigua de volver a nacer. Fue la lluvia de agosto sobre el suelo seco, fue el latido del riesgo, el estrugo interno, una sed en el pecho que no sabe de pozos, un fuego que crece entre los huesos. Amar duele, lo sé, es una estrella activa, una grieta que abre la piel pensativa, una entrega total, sin red ni cálculo, beber de un mismo vaso el vino y el cáliz. Es morir de amor y en el mismo instante encontrar en la herida un diamante, una luz que nace justo en la grieta, una promesa que el tiempo respeta. No es posesión, ni un dulce refugio, es un vuelo compartido hacia el tumulto, es quemarse en el mismo incendio claro, ser, en las sombras, único faro. Porque amar no es apenas un suspiro al oído, es fundirse en tu sombra y hacerla latido, es saber que la muerte, si llega un día, será solo un abrazo que nunca se iría. Así, he...

Raíces

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No es amor flor de vistoso engaño, ni llama que en un soplo se desvanece; es raíz negra que el granito entallece, cárcel de luz que afianza su rebaño. Es aquella verdad sin ningún paño, que ni el rigor del hielo la estremece, y aunque el mundo en pedazos perece, ella sostiene con perpetuo año. Más allá de la muerte y su guadaña, del tiempo que nos torna mustio heno, mi firme afecto su labor engaña; Y serás en mi polvo, dueño ameno, la forma que a mi nada la acompaña, raíz de eternidad en suelo ajeno.  Rosibel Artavia 

Desesperanza

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Desesperanza No es la noche la que duele, eres tú ausente como un fruto que nunca maduró en mi boca. Te nombro y el aire se quiebra, las rodillas del deseo tiemblan como hojas que aprendieron tarde el idioma del otoño. Amarte fue un relámpago: breve, exacto, suficiente para incendiar la memoria y dejar ceniza donde antes cantaba el pulso. Ahora el corazón — ese animal antiguo— camina a ciegas, buscando tu sombra en muros que no responden. Si esto es desesperanza, que al menos sea sagrada: una herida abierta al cielo donde todavía, muy adentro, tu nombre arde. autora Rosibel Artavia

Dejar Atrás

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Dejar atrás Dejar atrás no es huir, es aprender a soltar con ternura lo que ya cumplió su misión en el alma. Te dejo atrás como se deja una oración al amanecer: no porque no haya sido sagrada, sino porque ya fue escuchada. Hubo un tiempo en que tu nombre era mi forma de creer, mi manera secreta de hablar con Dios cuando el mundo pesaba demasiado. Hoy te dejo ir sin reproches ni cenizas, con gratitud serena, como quien cierra un libro amado sabiendo que lo leído ya vive para siempre en la sangre. Porque amar también es esto: bendecir el recuerdo y seguir caminando con el corazón más amplio, más humano, más luz. autora Rosibel Artavia

Libélula

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Libélula Te amo como quien desafía al abismo y descubre que el vértigo también piensa. Eres voluntad encendida, un sí rotundo a la vida dicho con alas frágiles. Libélula: no huyes del agua ni del fuego, cruzas ambos y sigues siendo deseo. Amarte es aceptar el riesgo de existir sin excusas, con la risa feroz de quien elige amar aunque tiemble el mundo. autora Rosibel Artavia