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Mostrando las entradas de diciembre 26, 2025

Hora de pensar en ti

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Hora de pensar en ti Es la hora en que el sol, cansado y rojo, se acuesta en el regazo de la tarde. La luz se vuelve sueño, el aire es largo, y en cada sombra tu recuerdo brota. Es la hora exacta del silencio, cuando el mundo se quita los zapatos y reposa. Y entonces, sin permiso, llega tu nombre a mi costado izquierdo. No viene con estruendo, no se anuncia; se filtra por la grieta de lo cotidiano: en el vaivén tranquilo de la cortina, en el vapor que sube de la taza, en la última sílaba del pájaro. Y pienso en tu mirada, ese país donde me pierdo y encuentro a un mismo tiempo. Pienso en tu voz, que es mapa y es camino, y en el calor preciso de tu mano, que cabe justo en el vacío mío. La tarde se hace río, lenta y dulce, y yo navego en ella hacia tu ausencia. Porque pensar en ti no es solo evocar: es reconstruir el mundo desde cero, ladrillo a ladrillo, con tu risa de cemento, y pintar de color las madrugadas. Es la hora en que lo que falta duele, pero duele bien, con esa punzada que p...

Pensar en ti

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Pensar en ti A el más inalcanzable de los destinatarios, Esta carta, si es que llega a tus manos, lo hará después de innumerables demoras y desvíos. Me pregunto, ¿tiene sentido enviar un mensaje desde una galería de espejos? Escribo, sin embargo, porque pensar en ti se ha convertido en un departamento de mi propia burocracia interior, un asunto pendiente que paraliza todos los demás trámites de la existencia. Pensar en ti no es un acto de voluntad, sino una condición de la oficina. Llego por la mañana a mi conciencia y allí está, ya sobre el escritorio, el expediente inabarcable de tu recuerdo. Contiene actas de instantes mínimos: la forma en que tu sombra se adelantaba a tu cuerpo al entrar en una habitación, el sonido de un vaso que colocabas sobre la mesa, una frase tuya cuyas cláusulas he rehecho mil veces sin alcanzar jamás el significado definitivo. Es un archivo que crece en la oscuridad, que ocupa pasillos enteros de mi pensamiento y contra el cual cualquier apelación es inútil...

Hace frío

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HACE FRÍO Hace frío en el espacio que ocupó tu voz. El vacío se expande como un cristal opaco y en su centro, un punto quieto: tu nombre que ya no nombra, sólo pesa. Hace frío y los sueños tienen escarcha en los bordes. Lo que fuimos ahora es un fósil de luz enterrada, un carbón que no arde, sólo sostiene la forma del fuego. Hace frío en los huesos del tiempo. La memoria es un ángulo de sombra congelada. Te busco en el termostato roto del alma, en la caldera apagada de los besos, pero solo hay ceniza fluyendo por las venas del calendario. Hace frío y toco tu ausencia como se toca el vidrio de una ventana infinita. Del otro lado, tu figura desdibujada por el viento que sopla desde el nunca. No hay geografía, no hay país, solo esta llanura blanca y yerma donde el eco de tu risa se volvió cristal de sal. Hace frío, amor, en el núcleo de las cosas. Hasta el silencio tiene témpanos. Pero aquí, en esta grieta del pecho, guardo el meteorito de tu último gesto, ardiendo todavía con el calor de...

Ésta Noche

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ESTA NOCHE Ésta noche no digas mi nombre sino la hendidura del desierto dónde cayó tu sombra y fue una costa una rajadura blanca en el planeta Ésta noche escribamos con los ojos rotos sobre la arena que dejó el diluvio sobre la sal del mar que se retira y en cada grano un cielo desangrado Amor es el vacío que no cesa la geografía de tu espalda marcando los confines de este mundo y más allá sólo tu respiración Ésta noche seré el sur de tu costado la grieta por donde asciende el alba y en la cima de todos los olvidos tu nombre repetido como un dique Aquí donde termina la memoria y comienza el temblor de lo infinito pusimos la bandera de la ausencia y fue el amor un territorio ciego Ésta noche atravieso con los dientes la cordillera de tu sueño y bebo en el cráter de los volcanes tu saliva de constelaciones muertas Porque amar es habitar el mismo corte la cicatriz que ambos compartimos y en éste lecho de estrellas caídas sabernos por fin la misma herida abierta Ésta noche no hay cielo sin...

Huir

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Huiría de tu voz y de tu risa, de la miel envenenada de tu boca, de esa mirada que en mi alma fisa y ante la cual mi orgullo se desboca, Huiría, sí, cual el mendigo huye del tesoro que aumenta su tormento, cual la hoja seca que la brisa arguye hacia el olvido de su nacimiento. Mas, ¡ay!, que cuando intento la partida, cuando más lejos pienso yo alejarme, siento que de tus redes en la vida mi corazón no sabe libertarse. Y comprendo que huyo en vano, y siento que eres tú quien en mí se queda y mora; que este huir es un torpe movimiento del alma que a su dueño busca ahora. Pues huir de ti es encontrarte, en cada sombra, en cada claro día; es beber de tu esencia enamorada en tu copa eterna de agonía. Rosibel Artavia 

Estado de las Cosas

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Ya no espero. La casa ha aprendido a guardar un silencio distinto, uno que no es paz, sino el hueco exacto donde antes resonaba tu nombre. El café en la taza se enfría y yo observo cómo el vapor, ese último aliento del calor, se desvanece sin que nadie lo impida. Mis manos repiten los gestos: abrir la ventana, regar la planta que ya está muerta, poner un plato en la mesa que siempre queda demasiado grande. Son ritos vacíos, monedas sin valor en un país que ha dejado de existir. He comprendido. No es que te hayas ido por la puerta, es que te has disuelto en el aire que respiro, te has vuelto la cualidad de lo que falta. Eres la forma del vacío en mi cama, el peso livianísimo de la almohada a tu lado, el eco de un péndulo que ya no oscila. Y yo soy esta taza con una grieta, el agua que se escapa sin hacer ruido, ésta mujer que habla sola en la cocina fingiendo que una sombra es compañía. El amor fue un espejismo hermoso y cruel. Ahora sólo queda la costumbre de la herida, el aprendizaje ...