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Mostrando las entradas de diciembre 30, 2025

Para poder amarte

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Para poder amarte Para poder amarte tuve que aprender la noche, esa ciencia oscura donde el alma ve lo que el día ignora. Descendí al sueño como quien busca una patria perdida; allí tu nombre era estrella y herida, luz que no consuela pero guía. Para poder amarte renuncié a la claridad exacta, dejé que el misterio me enseñara su lengua, esa en la que amar es recordar lo eterno. Ahora sé que el amor no nace del encuentro sino del anhelo, y que sólo quien ha mirado largamente la sombra reconoce la profundidad de la luz. Por eso te amo: porque en ti la noche no es ausencia, sino promesa. autora Rosibel Artavia

Caminemos

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Caminemos Caminemos, amado mío, al caer la tarde, Cuando el sol, muriendo, enciende el poniente, Y las sombras, largas, como sueños vagan Fundiendo en la tierra lo fugaz y presente. Deja que tu mano en la mía descanse, Un temblor divino que el mundo aclara; Mira cómo el río, plateado, avanza, Como nuestro tiempo, que a lo eterno para. ¿Sientes en el viento la canción antigua? Es el mismo soplo que en el Éter suena, Que agitó los bosques donde el poeta seguía La huella sagrada de una amorosa entrega. No hablemos ahora de ayeres o mañanas, Ni de si este sendero tendrá retorno; La flor que hoy se abre, fresca y temprana, Es la misma esencia del más puro horno. Mira esa alta roca, firme y desnuda, Batida por siglos de lluvia y frío: Así, nuestro vínculo, hecho de anhelo y duda, Hallará su forma, su destino frío. Y cuando la luna, pálida y serena, Surja en el cielo como un dulce lirio, Deja que su luz nos bañe la pena, Y cante en silencio nuestro mismo idilio. Caminemos, pues. No preguntes ...

No sé olvidarte

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No sé olvidarte No sé olvidarte porque habitas el origen, como el río recuerda la montaña aunque ya no la vea. Fuiste medida del día, ritmo secreto del cielo; en tu nombre la luz aprendía a demorarse. ¿Cómo borrar lo que dio forma a la mirada? Los dioses —si aún existen— pasan por ti sin ruido, te reconocen. Yo solo soy un mortal que guarda en el pecho una llama que no obedece. No sé olvidarte porque el amor no es memoria sino destino, y lo que fue verdadero no se disuelve: se vuelve fondo del mundo. Aunque el tiempo me aparte, aunque la noche cambie de rostro, seguirás siendo ese temblor primero donde el alma, por un instante, se sintió en casa. autora Rosibel Artavia

Un claro rincón del pensamiento

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En un claro rincón del pensamiento, donde el tiempo no es un río, sino un surco, he colocado una mesa pequeña, y en ella, dos tazas vacías. La luz que llega no es de lámpara ni astro, es ese brillo callado de la palabra no dicha, el calor de una presencia que se adivina cuando la niebla del hastío se disipa. Ahí, en ese claro rincón, no hay retratos ni promesas grabadas. Solo el gesto de tu mano al alcance de la mía, el hueco exacto que deja tu cuerpo al levantarte, y el eco de una pregunta que flota como aroma de tierra mojada después de una larga sequía. Amor no es la tormenta que desgarra las ramas, sí este claro rincón. Este espacio despejado y humilde donde la memoria, en vez de atesorar, pule un solo instante hasta hacerlo espejo: en él, ya no miro mi rostro, sigo el rastro de luz que dejaste al pasar. Y es suficiente. Esta geometría simple de lo cierto: un rincón, una mesa, el hueco de una taza. Y la certidumbre tranquila de que ese claro existe porque tú, alguna vez, abriste la...

Autobiografía

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Autobiografía No nací del ruido sino de una pregunta abierta. Aprendí temprano que el silencio también escribe y que la duda es una forma honesta de fe. Vengo de una mujer que conversa con las palabras como quien riega plantas al amanecer: sin prisa, con esperanza futura, sabiendo que todo brote es un acto de valentía. Me hice de poemas para no endurecerme, de ensayos para entender el mundo sin romperlo. Mientras otros coleccionaban certezas, yo guardaba preguntas como semillas en el bolsillo. Creo en la belleza no como adorno sino como resistencia. En el amor no como promesa eterna, sino como presencia lúcida. Y en la escritura como un hogar portátil al que siempre se puede volver. A veces me río —rápido, fino— de la solemnidad excesiva de la vida; otras veces la abrazo con una seriedad casi sagrada. Así avanzo: mitad lirio, mitad pensamiento, mirando al futuro con los pies manchados de tierra. Esta es mi historia: no una línea recta, sino un...

Fragilidad

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Fragilidad Te amo como se ama a un vaso de agua en medio del desierto: con manos temblorosas y una fe que no hace ruido. Nuestro amor no sabe de armaduras, camina descalzo sobre el filo de los días y aun así avanza. Hay palabras que podrían romperlo, miradas que lo agrietan, silencios que lo ponen a prueba como al vidrio el frío. Pero míralo: en su debilidad habita su fuerza. Porque solo lo frágil aprende a sostenerse en el cuidado del otro. Si alguna vez se quiebra, no será por débil, sino por haber amado demasiado hondo, demasiado humano. Y yo, que también soy frágil, elijo quedarme donde todo puede romperse y aun así vale la pena. autora Rosibel Artavia

Haibun de Amor

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Haibun de amor El jardín aún duerme. La noche deja su tinta en las piedras y el mundo aprende a callar. Entre lo visible y lo secreto levantamos un kekai hecho de paciencia: no para alejarnos, sino para que el amor no se derrame antes de tiempo. Allí, donde el límite respira, tu nombre se vuelve ceremonia. Haiku En el kekai, dos pasos contenidos— amarse es esperar. autora Rosibel Artavia

Kekai

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En el kekai tu sombra y la mía aprenden a inclinarse. El ciruelo calla, pero su perfume cruza la frontera del alma. Amarte fue eso: no romper el límite, sino habitarlo juntos. autora Rosibel Artavia

El Arquetipo Eterno

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El Arquetipo Eterno Antes que el Verbo la tiniebla hendiera, antes que el tiempo iniciara su carrera, en el silencio de la eternidad pura, tú ya vivías en la mente oscura. No como forma, no como criatura, sino como idea, esencia, arquitectura, en el divino y solitario seno donde el amor y el pensamiento es pleno. “Hágase la luz”, clamó la voz primera, y el caos se inundó de lumbre altiva. Mas tu esplendor, oh amado, más brillara: tú eras la luz que al mismo sol inspira. Después los cielos, bóveda extendida, y los abismos con sus olas bravas. Tu espíritu era el azul de la mañana, tu fondo, la quietud de las aguas. La tierra emergió, verde de esperanza, y el bosque alzó su catedral frondosa. Tu ser ya era raíz, firmeza y savia, y cada flor preludiaba tu hermosa gracia. El sol, la luna, el ejército estrellado se fijó en la noche como joya clara. Mas en tu mirar hallé el fulgor sagrado que a todos los luceros superara. Llenóse el aire de trinos y de vuelos, y el mar de rápidos destellos y ...

Morir de Amor

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Morir de amor Morir de amor no es caer, es quedarse demasiado vivo en una sola mirada. Es dejar que el corazón pierda su forma y se vuelva cauce, luz derramada que no pide regreso. Morir de amor es aceptar el temblor como destino, saber que el latido no se defiende cuando ha elegido. No hay grito, no hay sombra: sólo una claridad honda donde el yo se disuelve y el mundo, por un instante, respira en paz. Morir de amor es desaparecer sin miedo en lo verdadero. autora Rosibel Artavia