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Si me recuerdas

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  Si me recuerdas autora Rosibel Artavia Si me recuerdas, que sea como quien oye el rumor del río en la hondura secreta del alma, ese temblor antiguo que regresa sin anunciarse pero ilumina. Si me recuerdas, deja que mi nombre sea brisa, que roce tus pensamientos como un pétalo que cae y, al caer, abre un mundo. Porque el amor —ese viajero sin mapas— se asoma al porvenir con los pies mojados de estrellas, y sabe que no hay distancia que pueda romper lo que nace en la raíz del corazón. Si me recuerdas, hazlo en silencio, donde las palabras se vuelven alas y el tiempo se curva para tocar tu sombra con la mía. Y entonces, amor, en ese pliegue luminoso del instante que respira, yo volveré a ti como vuelve la aurora a su propio deseo.

Detrás de los árboles de Mirto

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  Detrás de los árboles de mirto se estremecía el aire, como si el tiempo —ese viejo mago caprichoso— se hubiese detenido a escuchar tu nombre. Allí estaban los ángeles mirándote, con esa paciencia hecha de eternidad, custodiando el temblor primero que despertó en tus ojos cuando descubriste que la luz también respira. Mágica luz divina… oh, suave latido que deshace las sombras, ¿cómo no rendirse a tu fulgor? Tu presencia abría pasadizos invisibles, dejando que cada recuerdo anunciara la promesa de un mañana más hondo, más tuyo, más nuestro. Y yo, que apenas sabía sostener mi propio asombro, me quedé suspendida en esa frontera donde la memoria se vuelve deseo, y el deseo, destino. Porque desde ese instante — allí, bajo el rumor de los árboles de mirto — supe que toda mi vida sería el eco interminable de mirar contigo lo que miran los ángeles.

El Olvido

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  El olvido En la orilla donde el tiempo se descose como un vestido viejo, dejé tu nombre —temblor suave— para que el viento lo aprendiera de memoria y luego lo soltara como quien abre la mano para que un pájaro escape. Pero el olvido, ese artesano de sombras, se puso a trabajar en silencio, pulió mis recuerdos hasta volverlos espejos donde ya no sé si eras tú o la nostalgia disfrazada de futuro. Aún así, cuando cierro los ojos te oigo, como un eco que insiste en florecer en la grieta más pequeña. Será que el amor no muere: solo cambia de nido y aprende a cantar en otra rama. Y aunque el olvido crea que manda, yo sé la verdad secreta: cada vez que respiro hondo tu luz se enciende como una constelación rebelde que se niega a ser borrada del cielo que llevo adentro. autora Rosibel Artavia

Hoy

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Hoy Hoy los relojes se disolvieron como azúcar en lengua de ángel, y un caballo azul, lleno de luciérnagas, cruzó mi pecho sin pedir permiso. Hoy las ventanas respiraron como bestias recién nacidas, y los espejos me devolvieron tu nombre hecho de polvo de constelaciones inéditas. No es amor sencillo, lo nuestro: es un laboratorio interdimensional donde las emociones se derriten en frascos y vuelven a levantarse con alas de Ángel dorado. Te pienso como quien escucha un rumor de estrellas debajo de la piel, como quien descubre que el universo tiene tu misma forma cuando se estira al amanecer. Hoy — si te acercas— te prometo un café servido en una taza de luna, un abrazo que habla el idioma de los relojes rotos, y un corazón que aprendió a renacer con el fuego de los meteoros. Porque hoy, amor, el mundo se abrió como una flor eléctrica y en su centro hallé tu voz.

Te prometo

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Te prometo autora Rosibel Artavia Te prometo un amor con manos de luna, que tiemble como un jazmín bajo el rocío, que arda sin quemar, como los ojos del río cuando el sol le confiesa su fortuna. Te prometo el temblor de las cigarras, la voz del campo herido de azahares, un beso que florezca en los lugares donde el silencio amarra las guitarras. Te prometo, amor, un aire sin frontera, la sombra del olivo que nos nombra, la sangre antigua que en la piel se asombra cuando la noche al alma se entregara entera. Y si el mundo calla o el tiempo nos deshace, te prometo ser raíz bajo la tierra, cantar tu nombre donde el viento encierra la pena dulce de quien nunca se va ni nace.

Cuesta Arriba

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Título: Cuesta Arriba autora Rosibel Artavia Te amo en lo absurdo, en el filo donde la razón se resquebraja. Empujo tu recuerdo cuesta arriba cada amanecer, y lo veo rodar cada noche, de vuelta al abismo del silencio. No hay premio, ni cielo, solo el roce de tus ojos que me basta para empezar de nuevo. He comprendido, amor, que el sentido no está en alcanzarte, sino en el acto insensato de intentarlo. Tú eres mi piedra y mi condena, mi cima y mi caída, mi eternidad sin recompensa. Y mientras el sol arde indiferente, yo sonrío —como Sísifo— porque incluso en lo inútil, tu nombre pesa dulcemente en mis manos cansadas.

NO TEMER A LOS FANTASMAS

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NO TEMER A LOS FANTASMAS -RELATOS- Por el Instituto de Literatura de la Academia de Ciencias Sociales de China EDICIONES EN LENGUAS EXTRANJERAS. PEKÍN Nota del Editor Los cuentos y relatos traducidos aquí han sido seleccionados de la primera edición china publicada por Ediciones de Literatura Popular de Pekín en febrero de 1961. Este libro incluye, además, el prefacio escrito para la edición china por Je Chi-fang (1912-1977), director del Instituto de Literatura de la Academia de Ciencias Sociales de China. PREFACIO Los fantasmas no existen. Toda creencia en su existencia es indicio de atraso ideológico, de superstición, de cobardía. Esta comprensión ya forma parte del sentido común. Sin embargo, la gente no siempre lo comprendió así en otros tiempos. Muchos eran los que, además de creer en la existencia de los fantasmas, andaban presa de pavor con relación a éstos, lo cual no tiene nada de asombroso, pues en la medida en que un hombre permanece incapaz de explicarse científicamente ta...