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Un mundo contigo

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Un mundo contigo Un mundo contigo es pan caliente en la madrugada, es mi sangre llamando tu nombre desde un pozo de luna. Tu voz tiene aceitunas negras y campanas dormidas, cuando me miras la noche se arrodilla y el silencio aprende a cantar. Te amo con un amor antiguo, hecho de tierra y de herida, de caminos que sangran jazmines bajo la sombra del tiempo. Si te alejas, el viento se rompe la frente contra los muros del alba; si regresas, mi corazón enciende sus caballos verdes. Un mundo contigo es morir un poco menos cada día, es vivir ardiendo, porque el amor —como el duende— solo existe cuando quema. autora Rosibel Artavia

Si me dijeras: "te amo"

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Si me dijeras te amo Si me dijeras te amo , el tiempo se sentaría a escucharnos, como un viejo sabio que por fin encuentra una verdad sencilla. No sería un ruido, ni un relámpago vano, sería una semilla antigua abriéndose en mi pecho con la paciencia de la luz. Si me dijeras te amo , mi nombre aprendería a florecer en tu voz, y mi sombra —esa fiel compañera— descansaría al fin, porque sabría hacia dónde inclinarse. No te pediría promesas eternas —la eternidad se asusta con palabras grandes—, me bastaría ese instante donde el mundo se vuelve claro y el alma reconoce su casa. Si me dijeras te amo , yo no huiría del temblor, lo tomaría de la mano como se toma un destino cuando por fin dice: aquí es . autora Rosibel Artavia

La herida

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La herida No te extraño: me sangras. Eres esa punzada exacta que no avisa, ese recuerdo que llega cuando el día baja la guardia y la noche se queda sola conmigo. Dije que el tiempo —ese médico cansado— iba a cerrarme la piel, pero el tiempo solo aprende a mirar, no a tocar. Te nombro sin voz, te pienso sin permiso, y en ese gesto mínimo vuelves a abrirte paso como quien entra a una casa que aún guarda su llave. Amar fue fácil. Difícil es dejar de hacerlo cuando el amor se vuelve costumbre del dolor. No quiero curarme de ti. Quiero entender por qué algunas heridas no piden salvación, sino memoria. Y aquí estoy, viviendo con esta herida como se vive con el corazón: sabiendo que duele, y aun así, dejándolo latir. autora Rosibel Artavia

La luna

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Éste amor Éste amor no sucede: nos sucede. Como cuando una palabra se equivoca de boca y cae en la tuya con zapatos mojados. Yo iba a decir lunes y dije tu nombre, y el calendario se dio vuelta como un gato. Éste amor no pide permiso, entra por la rendija de lo cotidiano, se sienta en la silla donde nadie se sienta y empieza a leerme por dentro con esa letra tuya que no existe pero insiste. A veces somos dos personas normales comprando pan, pagando cuentas, discutiendo si la lluvia es lluvia o solo una excusa del cielo. Entonces, sin aviso, éste amor se levanta de la mesa y nos cambia el final de la frase. No es eterno ni breve, es distraído. Se le olvida el tiempo en los bolsillos, confunde el ayer con el ahora y por eso nos besa como si fuera la primera vez y la última al mismo tiempo. Éste amor no promete nada: se queda. Y quedarse —ya sabes— es la forma más peligrosa de la felicidad. autora Rosibel Artavia

Éste Amor

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Éste amor Éste amor no sucede: nos sucede. Como cuando una palabra se equivoca de boca y cae en la tuya con zapatos mojados. Yo iba a decir lunes y dije tu nombre, y el calendario se dio vuelta como un gato. Éste amor no pide permiso, entra por la rendija de lo cotidiano, se sienta en la silla donde nadie se sienta y empieza a leerme por dentro con esa letra tuya que no existe pero insiste. A veces somos dos personas normales comprando pan, pagando cuentas, discutiendo si la lluvia es lluvia o solo una excusa del cielo. Entonces, sin aviso, éste amor se levanta de la mesa y nos cambia el final de la frase. No es eterno ni breve, es distraído. Se le olvida el tiempo en los bolsillos, confunde el ayer con el ahora y por eso nos besa como si fuera la primera vez y la última al mismo tiempo. Éste amor no promete nada: se queda. Y quedarse —ya sabes— es la forma más peligrosa de la felicidad. autora Rosibel Artavia

Para que tú me quieras

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Para que tú me quieras Para que tú me quieras no voy a bajarte la luna, ya está cansada de promesas ajenas. Te ofrezco esto otro: mi torpeza al amarte, mi manera imperfecta de quedarme. Te quiero con la ropa del día a día, con el café que se enfría y las palabras que no siempre llegan a tiempo. Te quiero cuando dudo, cuando me enojo con el mundo y aun así te pienso. No soy un milagro, apenas una costumbre que insiste, una voz que te nombra en silencio cuando el miedo hace ruido. Para que tú me quieras me quedo aquí, sin trucos, sin héroes, con el corazón un poco usado pero honesto. Si me quieres, que sea así: porque sabes que no sé huir cuando amo. autora Rosibel Artavia

Tu callada tristeza

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Tu callada tristeza Tu callada tristeza camina descalza por mis días, no pide nada, pero lo dice todo con su manera de quedarse. La escucho en lo que no nombras, en esa pausa donde el alma se sienta a pensar si aún vale la pena latir. No la espanto. La invito a la mesa del amor, porque hasta la pena necesita pan, y una mirada que no huya. Tu tristeza callada no es noche eterna: es semilla enterrada esperando valor para romper la tierra. Y si alguna vez pesa demasiado, déjala aquí, entre mis manos, que el amor también sabe guardar silencios. autora Rosibel Artavia