9/15/26

Memorias



Hay un pasar del tiempo que no se mide en horas,
sino en la espera de un mensaje que no llega,
en ese hueco que dejan las palabras no dichas
y que el silencio, paciente, va llenando.

Recuerdo entonces —como quien recuerda un olor,
 tu perfume 
  que devuelve toda una juventud—
la lluvia en la ventana de aquella tarde,
el cristal empañado por mi propio aliento,
y detrás, borroso, el mundo que seguía girando
mientras yo me quedaba quieta, esperándote.

Mi corazón dormido no lo sabía entonces:
que basta una imagen, un olor, un sonido cualquiera,
para que todo el pasado regrese de golpe,
intacto, como si el tiempo no hubiera pasado.

Y en esa memoria que se abre como un abanico,
veo las hadas caminando en círculos de luz,
tan irreales como el amor que te tuve,
tan ciertas como el recuerdo que insiste en quedarse.

Todo vuelve: la lluvia, el silencio, la espera,
y sobre todo vuelve una leve sonrisa,
la tuya, suspendida en el aire de aquel cuarto,
que el tiempo no ha logrado borrar,
por más que pasen los años,
por más mensajes que nunca lleguen.

Quererte así


Quererte así, en voz baja,
como se dicen los secretos que importan,
con esa ternura que no necesita
gritar para ser verdad.

Quererte en el detalle pequeño:
en cómo se te arruga la frente al pensar,
en el silencio que compartimos
sin necesidad de llenarlo.

Quererte sin prisa,
descubriéndote despacio,
como quien lee un libro
que no quiere que se acabe.

Quererte en lo que no se ve:
en el miedo que a veces disimulas,
en la fuerza que no sabes que tienes,
en todo lo que eres cuando nadie mira.

Quererte así, sin necesidad de adornos,
solo tu mano y la mía,
solo este quedarnos
mientras el tiempo pasa despacio.

Y si un día me preguntan cómo te quiero,
diré que te quiero así:
en lo simple, en lo real,
en lo que no se explica, sólo se vive.

La ruta del sueño


Amor mío,
si alguna vez te pierdes en la niebla,
no busques estrellas ni faros ni brújulas.
Busca el latido de mi corazón,
que es un tambor de guerra y de ternura,
y camina hacia él,
que yo estaré esperando
con la puerta abierta
y el café caliente
y una revolución pequeñita
hecha sólo para los dos.

Porque amar, amor mío,
es la única ruta del sueño
que no tiene retorno
y que vale la pena
recorrerla toda,
hasta el último beso,
hasta la última alborada.

Memorias

Hay un pasar del tiempo que no se mide en horas, sino en la espera de un mensaje que no llega, en ese hueco que dejan las palabras no dichas...