Mi silencio no es olvido.
Es este modo de esperarte
sin preguntar por tu regreso,
sin llamar a la puerta
que un día cerraste.
Hay tardes en que tu recuerdo
camina conmigo por la calle,
como una sombra antigua
que conoce el camino.
No te nombro.
Pero cuando cae la tarde
y el mundo se queda quieto,
algo en mí vuelve hacia ti.
Quizá amar sea esto:
guardar una voz
que ya no se pronuncia
y seguir escuchándola
en lo más hondo del silencio.
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