En la llanura lenta del día,
camina mi sombra tras tu recuerdo.
El viento trae olor de tierra vieja,
y en cada hoja muerta pronuncio tu nombre.
Hay una fuente que no quiere callar,
su rumor es ya un verso que te nombra.
Bajo el cielo claro, la tarde sabe
a pan y a sueño, a sal que no se olvida.
Caminas en mí como un alba rota,
y dejo en los surcos la huella tenue
de aquel deseo que nunca se apaga.
La luz se queda, y yo la bebo aún.
Si preguntan por mí, dí que llevo
en la boca un brillo de tus manos,
y en la garganta el gusto de tu nombre:
todo lo antiguo y dulce —sabor a ti—.
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