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Mostrando las entradas de septiembre 18, 2026

Llueve

Llueve sobre el camino y cae lento un susurro viejo que sabe a pasos. las hojas se inclinan, y el pueblo parece escuchar su propio latido. Hay un reloj detenido en la plaza, y la lluvia va contándolo despacio. Cada gota es un nombre que se olvida y al mismo tiempo vuelve a nombrarse en mí. Camino bajo el paraguas de la tarde, llevo el corazón húmedo de recuerdos. La lluvia escribe mapas en mi ropa, traza en la arena la forma de tu ausencia. Si abres la ventana, verás el mundo como un pañuelo gris que se deshace. En la calle sólo queda un rumor: llueve, y en la lluvia te reconozco.

Sabor a Ti

En la llanura lenta del día, camina mi sombra tras tu recuerdo. El viento trae olor de tierra vieja, y en cada hoja muerta pronuncio tu nombre. Hay una fuente que no quiere callar, su rumor es ya un verso que te nombra. Bajo el cielo claro, la tarde sabe a pan y a sueño, a sal que no se olvida. Caminas en mí como un alba rota, y dejo en los surcos la huella tenue de aquel deseo que nunca se apaga. La luz se queda, y yo la bebo aún. Si preguntan por mí, dí que llevo en la boca un brillo de tus manos, y en la garganta el gusto de tu nombre: todo lo antiguo y dulce —sabor a ti—.

Un Hijo

Nació la mañana con manos pequeñas, una luz que cabe en la palma del asombro. En la casa volvió a cantar la mesa, y el viento trajo un rumor de cuna. Hay pasos nuevos que temblaron el suelo, huellas como mapas de un porvenir. Los ojos suyos guardan una pregunta que yo no sé responder sin temblor. Camino a su lado y aprendo del tiempo: cada día es un puente que se estrecha, cada noche una lámpara que no miente. Le doy mi nombre viejo, y él lo cambia. En su boca florece la esperanza, y en su risa hay semillas de mañana. Si me pides la razón de mi alegría, te diré que vive algo de mí en él. Cuando sea viento, quiero haber sido la sombra que lo amparó en tardes duras, la mano que sostuvo su primer paso, y el recuerdo que canta junto al suyo. Para Darío.

Tomás

Traes en la boca una llave de sol, y el día gira leve donde pasas. Tu risa abre puertas que creí cerradas, y el aire te sigue con manos alegres. Hay un brillo fácil en tus pasos cortos, como si el mundo fuera una canción. Las piedras se vuelven poco problema, y la lluvia aprende a ser sólo fiesta. Te veo construir puentes de caramelos, pequeñas torres de invencible risa. Todo lo triste se vuelve cometa, y hasta la sombra busca jugar contigo. Guarda esa risa, hijo —tesoro claro—, no dejes que el tiempo la vuelva temblor. Que cuando el viento empuje sus preguntas, ella te responda con la misma luz. Si algún día dudas y aquieta tu canto, recuerda cómo el día te aprendió: que una risa es un árbol que se planta, y quien la siembra tendrá siempre abrigo.

Quererte así

Quererte así, en voz baja, como se dicen los secretos que importan, con esa ternura que no necesita gritar para ser verdad. Quererte en el detalle pequeño: en cómo se te arruga la frente al pensar, en el silencio que compartimos sin necesidad de llenarlo. Quererte sin prisa, descubriéndote despacio, como quien lee un libro que no quiere que se acabe. Quererte en lo que no se ve: en el miedo que a veces disimulas, en la fuerza que no sabes que tienes, en todo lo que eres cuando nadie mira. Quererte así, sin necesidad de adornos, solo tu mano y la mía, solo este quedarnos mientras el tiempo pasa despacio. Y si un día me preguntan cómo te quiero, diré que te quiero así: en lo simple, en lo real, en lo que no se explica, sólo se vive.