9/14/26

Ser poeta



No hace falta ser erudito para ser poeta.
No hace falta saber de métricas ni de escuelas,
ni citar a los griegos, ni pesar cada verso
en la balanza fría de los que ya murieron.
Basta con mirar de frente lo que se ama
y decir, sin miedo, lo que uno ve.

Yo, por ejemplo, podría decir que eres
la luz que entra primero por la ventana,
esa que no pide permiso, que simplemente llega
y ya cambia el color de todo lo que toca.

Podría decir que eres el café de las mañanas lentas,
tibio, necesario, la razón pequeña
por la que vale la pena levantarse.

Podría decir que eres como el mar en calma:
no el que asusta con su fuerza,
sino el que uno mira y respira hondo,
y de pronto todo pesa menos.

Podría decir que eres la primera estrella,
esa que aparece cuando aún hay luz
y por eso mismo es más valiente,
porque brilla sin que nadie la note todavía.

Podría compararte con el pan recién hecho,
con la lluvia que se espera en el verano,
con la página en blanco antes de escribir,
llena de todo lo que puede ser.

Y no necesito más letras que estas,
no necesito Homero ni Neruda prestado:
me basta mi propia torpeza sincera,
mi manera simple de nombrar lo amado.

Porque el verdadero poema no está en saber,
está en atreverse.
Y yo me atrevo a decir, sin adornos de escuela,
que tú eres, sencillamente,
lo más hermoso que han visto mis palabras.

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