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Raíces

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Mi corazón hecha raíces que te buscan en ésta distancia que te nombra, Qué anhelan aferrarse a tu memoria para que me recuerdes, el mío es un amor ingenuo y puro, cómo la fé de un niño, como el canto de un pájaro que habita en la penumbra, solo. Ya sé que no elegiste mi pobre corazón, que no era yo el destino de una vida que tú hubieras soñado, la vida decidió llevarnos por caminos separados. Haberte amado así fue para mí, el único milagro, Porque te amé y perdí, y puedo confirmar que sin embargo fuí feliz, tan sólo por el hecho de amar tanto. Ay, Amor! Mi amor, contigo conocí la tempestad, y el fuego,  que el roce de una mano puede hacer sentir que el mundo puede crearse de nuevo, que puede el tiempo detenerse, y ese instante eterno surgir estrellas, galaxias o planetas enteros, que se puede morir y nacer, y soñar y saber que todo es bello, tú has sido para mí lo más hermoso, mi corazón que sólo en ti encontró reposo, te busca sin cesar, te espera , y al final, te quiere siempre,...

La exactitud de mis palabras

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La exactitud de mis palabras Te nombro en voz baja y la habitación cambia de peso. No hablo para que el mundo escuche; hablo para que vuelvas. Mis palabras rozan tu oreja como quien busca una llave, saben el camino de tu piel sin preguntar el nombre de la cerradura. Digo "quédate" como quien prende una luz en la madrugada: no es pedido ni exigencia, es un gesto que mide el pulso y se queda. Cuando te miro, cada sílaba se vuelve rumor contenido, un hilo delgado que une el borde de mi pecho con el tuyo. Te confieso las cosas pequeñas: la manera en que duermes con la boca entreabierta, el lugar exacto donde tus manos buscan la mía en la oscuridad. No embellezco ni embobezco; detallo —y en el detalle me pierdo—. Amar así es aprender el horario de tu respiración y acoplar la mía. A veces pronuncio tu nombre para comprobar que existe, y el sonido vuelve al cuerpo como un animal que reconoce su casa. Si callo, no es por ausencia sino por cuidado: dejo que el silencio cui...

La Geometría Simple de lo Cierto

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La geometría simple de lo cierto Hay en mis manos una regla que no miente: trazo rectas sobre tus silencios, mido el roce antiguo de tus ojos y hallo la misma distancia que al principio. No necesito compás para girar; la órbita que te nombra ya está hecha, es círculo que no se cierra en sombras, sino en la certeza de volver siempre. Conté los años como quien cuenta azulejos: cada uno un pulso, una grieta, una luz. Al sumar, la suma no mengua; lo que se resta se vuelve esquina firme, y la paciencia erige un teorema pequeño donde nuestras manos prueban que basta. Te nombro con palabras sencillas, las que no exigen permiso ni teatro: vos, hogar con orilla de mar y calma, vos, la constante que sostiene mi mapa. Si el mundo altera ejes y escalas, mi amor se mantiene en su figura clara, un polígono sin vértices agrios, sostenido por la simple ley de volver. A veces pienso que el tiempo es otra cosa, un viento que pule las piedras del río; pero hay una ley —no escrita, pura—: dos ...

Te Extraño

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amor mío— te extraño como el mar extraña su forma de decir orilla cuando la noche se le queda demasiado grande te extraño (no lo digo con palabras sino con silencios que aprenden tu nombre) cada cosa insiste en ti: la taza vacía la luz que no sabe quedarse mi mano que aún recuerda cómo eras posible te extraño desordenadamente como si el tiempo hubiera olvidado cerrar la puerta y aun así te amo con esa calma feroz de quien espera sin pedir sin huir porque tú (sigues siendo) el lugar donde todo en mí quiere volver.

Latido de Mi Corazón

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latido de mi corazón (ese pequeño incendio que aprende tu nombre) late— no como reloj sino como un secreto que se abre y en cada golpe te dice aunque no haya voz aunque no haya mundo aunque yo finja no temblar: tú porque mi corazón no entiende de distancias ni de olvidos bien pronunciados él insiste (te insiste) y se curva como letra sin regla como pensamiento que cae hacia ti a veces se rompe en silencio (dulce) (terco) pero incluso roto late tu forma yo no lo controlo ni lo nombro completo apenas lo escucho— ese rumor pequeño que hace del aire un lugar donde cabes y entonces mi pecho (no es cuerpo) es casa es eco es un instante interminable donde cada latido (te escribe)

Te Espero

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 No hay día  que no te piense amor, con esta furia loca que no se marcha nunca. Qué cuando abro los ojos, o los cierro, es tu imagen que miro, siempre tú sin motivo. Habitas cada espacio de luz, Ángel de Amor, Sueño anhelado.  Qué yo te espero aún, que te imagino, que muero por tocar tus blancas manos. Ojalá que mis versos los hicieran canciones, y así los escuchara el mundo entero, así sabrían que eres mi luz, mi corazón,  mi corazón que late fuera de mi pecho, eso eres tú, amor mío.

Mil Poemas

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Voy a escribir mil poemas de amor y los mil van a ser tuyos, tuyos como es mía esta manera torpe y urgente de quererte, tuyos como el aire que respiro y que ya no sé si es mío o si es tuyo también, porque desde que estás todo lo que entra en mí sale con tu nombre. Voy a escribir mil poemas y en el primero voy a decir que te quiero, y en el segundo, que te quiero, y en el tercero, que te quiero, y así hasta el mil, porque no tengo otra cosa que decir, porque el amor no inventa palabras nuevas, sólo las repite hasta que duelen de verdad. Te voy a escribir cuando esté triste y me vas a salir en cada línea como sale el agua de donde no debe, como sale la sangre, sin permiso, sin aviso, nada más porque sí, porque estás. Te voy a escribir cuando esté alegre y también ahí vas a estar, metido en cada verbo, en cada punto, en cada silencio que dejo para que quepas tú, entero, con tus manos y tu modo de callarte. Mil poemas voy a escribirte, y si no alcanzan escribo mil más, que para esto no hay...

Ésta que soy

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Ésta que soy, la que sueña, la que rie como niña traviesa, la que te cuenta historias de cuando fue feliz, la que siente en silencio, y espera que le escribas, y qué talvez la quieras, como te quiero a ti. Está mujer sencilla, que no guarda rencores, que espera sólo amores, ésta que siempre fuí. Sólo soy una simple mujer autodidacta, que expresa con palabras el amor que la inunda, como un río sin cause y sin orillas, que a veces se desborda. Qué no tiene diplomas, mi máster, ni doctorado, sólo tiene éste amor, enteramente tuyo, para que tú lo tomes , y te abraze y te queme, y ardas eternamente aquí en mi corazón. Ésta que soy, te adivina, te presiente, te nombra, y te espera. Sin adornos, ni poses, con la leve esperanza que la quieras así.

Ahora me gustas más

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Así te miro ahora, pulido por los años, distinto y el mismo, y comprendo, sin ruido, como comprende la orilla al oleaje, que me gustas más no a pesar del tiempo, sino por todo lo que el tiempo, sin destruirte, te dejó. Así te veo a ti: errante y creciente, más digno de mi amor cuanto más hombre, menos ídolo y más semejante mío. Ahora me gustas más porque ya no te pido que seas sueño, te pido solamente que seas tú, con las arrugas nuevas de tu frente, con esa sombra grave de tus ojos, que antes no tenías, y hoy te sienta como al roble le sienta haber vivido tantos años de sol y de tormenta por igual.

No dudes

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No dudes de tu nombre entre mis manos, no busques en el frío de tus gestos la prueba de una culpa que no existe; yo he visto, tras la niebla de tus años, el jardín que ocultabas por costumbre, no por desamor. Sé que te enseñaron a callar el pecho, a guardar como avaro las ternuras, a mirar de lejos lo que quema, por miedo, no por hielo verdadero. Y no eres tú quien forjó esa distancia: fueron manos ajenas, tiempos idos, los que sembraron en tu voz el muro. Pero yo, que he aprendido a leer despacio lo que el silencio esconde entre las cejas, he visto en tus pupilas, breve, cierto, un temblor que tu boca nunca dice, un fulgor semejante al de una lámpara que alguien enciende y luego, temerosa, apaga antes de que el mundo la sorprenda. No te quiero a pesar de tu frialdad: te quiero porque sé de dónde viene, porque detrás del gesto que te salva del daño de quererse demasiado, yo reconozco un corazón intacto, uno que teme, no que esté vacío. Así que no preguntes si mereces este a...

Aún te Quiero

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Aún te quiero Hay una taza de café enfriándose en mi mesa. La lluvia golpea la ventana con la misma calma de siempre, como si nada hubiera cambiado. Guardo tu voz en algún lugar del pecho, como se guarda una canción que no se olvida. Las noches son más largas ahora, pero en el silencio, todavía te busco. No sé si el amor se va del todo o sólo se queda dormido, esperando una señal, un gesto, algo tan simple como tu nombre para volver a despertar. A veces imagino que lees éstos versos, y una sonrisa leve se dibuja en tu rostro, yo quisiera decirte que desearía abrazarte, y llenarte de besos esa cara tan linda,  Aún te quiero, amor con esa ternura que no pide nada, que sólo existe, y basta. Sólo quiero decirte que  Eres una buena persona, y que por eso  yo te quiero.

Tus manos

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Tus manos, son como raíces que me atan al mundo,   manos callosas de tanto pelear con la tierra,   o suaves como el pan recién amasado,   que me parten y me recomponen el alma.   Tus manos me conocen mejor que mis ojos,   me recorren la piel como quien lee un libro viejo,   arrugado de besos y de noches sin dormir.   Con ellas me deshago, me vuelvo río,   me entrego entera, sin pudor ni medida.   ¡Tus manos en mi cintura, Dios mío!   Me aprietan como si el tiempo se acabara,   me acarician los pechos como a frutos maduros,   y en mi vientre dibujan promesas de hijos,   de vidas que brotarán de este amor tan bruto.   Tus manos huelen a ti, a sudor y a jazmín,   a lo que fuimos y lo que seremos.   No las suelto ni en sueños,   porque en tus manos cabe mi todo,   mi risa, mi lloro, mi fuego eterno.  Rosibel ...

Veinte años después

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Veinte años después  Amor, poder y cansancio en los matrimonios que empezaron por conveniencia Autora: Rosibel Artavia ---  Nota de la autora Este libro nació de una pregunta sencilla: ¿qué pasa, veinte o treinta años después, con las parejas que no empezaron por amor sino por conveniencia, por presión de familia o por cálculo social? No es un libro sobre juzgar esas decisiones. Muchas personas se casaron así porque era lo que se esperaba de ellas, porque su apellido, su patrimonio o su lugar en un círculo social venían con esa condición implícita. Este texto intenta mirar, con seriedad y sin sensacionalismo, lo que la investigación en psicología y sociología de la familia dice sobre esas uniones: cómo envejecen, por qué se vuelven fértiles para el cansancio y la infidelidad, y qué caminos existen cuando después de dos décadas la pregunta "¿esto era lo que yo quería?" empieza a pesar más que el silencio que la mantenía a raya. No vas a encontrar aquí nombres propios ni casos ...

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Otros Mundos

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Me gusta imaginar que existen otros mundos, y en esos mundos fuimos otras formas o gentes, que tal vez sin saberlo se cruzaron a veces, tal vez en una calle camino a sus quehaceres, Y entonces de repente un latido en el pecho, un aire repentino, una extraña emoción, nos dio el presentimiento de nuestra cercanía.  Entonces nuevamente me lleno de esperanza, camino por la calle y una leve sonrisa se dibuja en mi rostro y pienso que quizás ya no estamos tan lejos no existen las distancias, y si me amaste entonces también hoy me amarás.  Son extrañas las rutas por donde caminamos las cosas que elegimos las que nos pasarán, los recuerdos con los que trazamos el destino, las cosas que anhelamos las que no volverán, sin embargo me alegro de haberte conocido, y sigo caminando diciendo dónde estás?.

Se fué

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Él dijo: «entonces adiós» Esa fue la daga que clavó en mi pecho, y después se fue... No ocurrió nada extraordinario. El cielo permaneció sobre nosotros. Los árboles continuaron moviéndose con el viento. La gente siguió caminando, indiferente, como si la vida no acabara de romperse delante de sus ojos. Y quizá eso fue lo más cruel. Yo esperaba que el mundo protestara por mí. Que alguna puerta se cerrara con violencia, que la tarde se oscureciera, que el tiempo tuviera la decencia de detenerse un instante. Pero nada. Sólo se fué Entonces comprendí que la ausencia de un hombre puede ser enorme para una mujer y, al mismo tiempo, no significar absolutamente nada para el universo. Eso era lo absurdo. Amarlo había sido darle un sentido a mis días. Perderlo era descubrir que ese sentido nunca había pertenecido al mundo, sino únicamente a mí. Y aun así lo amaba. Quizá esa era mi única rebelión: seguir amando a un hombre que había elegido marcharse, sin pedirle al cielo que lo devolv...

Infinitamente

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Infinitamente ¿Cómo he de nombrarte, amado mío, si tu nombre desborda toda lengua? Eres el sol que nace cada día, y en tu luz mi existir se aquieta y lengüa. No te quiero con fuego pasajero que el viento apaga y el olvido quiebra, sino como el roble al suelo fiero, como el mar a la orilla que lo celebra. Tu mirada es el libro donde leo la verdad que los sabios no descifran, tu aliento, el verso que mi ser desea cuando la noche sus estrellas cifra. Infinitamente, sí, sin medida, como el tiempo que fluye y no regresa, como el alma que en ti halló su vida y en tu pecho su eterna fortaleza. Que el amor no es capricho ni locura, es ley divina, es orden y es destino, es la cima que el hombre nunca cura sino en el corazón que es peregrino. Así te amo, amado, sin reserva, con la calma del monte y del abismo, con la fe del que espera y no se pierde, con la paz del que  se ha visto así mismo. Infinitamente, en cada instante, en cada alba, en cada atardecer, porque tú eres el verso más consta...

Antes del último ocaso

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Antes del último ocaso La vida pasa… y mientras contamos los días como si fueran nuestros, el tiempo, silencioso, va cerrando puertas detrás de nosotros. ¡Ah, cuánto orgullo inútil! Cuántas palabras que no dijimos por esperar que el otro adivinara el temblor de nuestra alma. Amamos, pero callamos. Nos aman, y sospechamos. Y mientras tanto, la vida — breve como la luz sobre una flor— se inclina lentamente hacia su último ocaso. ¿Por qué negar la mano que todavía nos busca? ¿Por qué levantar murallas ante quien, con todos nuestros defectos, ha decidido quedarse? Créeme: no existe corazón sin heridas, ni amor sin alguna sombra; pero bendito aquel que, aun conociendo nuestras ruinas, elige sentarse entre ellas y llamarlas hogar. Amemos, pues. Antes de que el orgullo nos deje solos con nuestras victorias. Antes de que una despedida nos enseñe demasiado tarde el valor de una presencia. Antes de que la vida, esa viajera impaciente, nos diga que ya es hora. Ama. Y si te aman, cree....

El Olvido

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No es el vacío, sino la ceniza que aún conserva el calor del rescoldo. Es el rumor de un nombre que la lengua olvidó pronunciar, pero que la garganta repite en el sordo oficio de la respiración. Olvidar es no saber ya la forma exacta de tu nuca, y sin embargo, que mi mano, al caer la tarde, busque en la penumbra esa curva abolida, como un ciego que recorre el rostro de una estatua para recordar el gesto de un dios que ya no existe. Es el perfume que se ha desvanecido del frasco, pero que tiñe el cristal con la memoria de su ausencia. Olvidarte es habitar una casa donde cada puerta conduce a una estancia que ya no está, y sin embargo, al abrirla, encontrar el eco de tu risa aprisionado en el polvo de los goznes. Es el tiempo que no pasa, sino que se sedimenta, como las capas de cal en las paredes de una cueva, y en cada estrato, tu imagen se vuelve más abstracta, más parecida al mármol que al cuerpo, más cercana a la idea que al deseo. Olvido es este afán de escribir sobre l...

Frío de Ausencia

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Frío de ausencia sal en el silencio, la noche recoge mi aliento; tu silla vacía, la ventana guarda el frío, mi mano busca ya tu sombra.